"ELLAS ESTABAN PRIMERO"

El notable podcast “Ellas estaban primero” sobre tango, género y diversidad profundiza en la invisibilizada historia de las pioneras del tango. La primera entrega de una serie de perfiles de las tangueras bonaerenses de todos los tiempos.

Por Mariana Fossati | Imágenes: Archivo

Hay un prejuicio que nos hace descansar sobre la idea de que las mujeres fueron excluidas del mundo tanguero, que históricamente ocuparon lugares marginales, sin poder de decisión ni autonomía. Se trata de un prejuicio, pero también el modo en que se ha contado la historia. El énfasis que se pone en describir la década del ´40, la edad dorada, con sus cantores y directores es en parte responsable de esa creencia. Como portadora sana de ese preconcepto me propuse contar en un podcast la historia del tango desde los inicios, destacando el rol de las mujeres y las disidencias, poniendo el foco en ellas. Y fue en ese proceso que las encontré protagonizando todas las etapas de la historia de este género musical nacido en el Río de la Plata a fines del siglo XIX. No sólo aparecieron con gran protagonismo en la década del ´20 y ´30 como cancionistas famosísimas en el cine, los teatros y la radio, sino que su presencia fue fundamental desde el momento inaugural del tango.

En ese camino, empecé a construir el podcast al que llamé “Ellas estaban primero”, porque sea cual fuere la precursora del tango que identifiques, siempre hubo una mujer antes, componiendo, escribiendo, bailando, cantando, tocando. En la investigación previa y la escritura de los guiones aparecieron historias fascinantes como la de la pionerísima Flora Hortensia Rodríguez Montalva, cantora chilena que llegó a la Argentina en 1904 y que integraría un dúo con quien luego fue su pareja y padre de sus hijos: Alfredo Gobbi. “Los Gobbi” o “Los Campos”, como también se hacían llamar. Habitaban la escena tanguera incipiente, en la que reinaba Angel Villoldo, el apodado “Papá del tango”. El dúo fue de los primeros en difundir y poner en escena diálogos, monólogos, temas criollos y tangos, un antecedente del teatro musical. En una de esas escenas humorísticas –cuya grabación forma parte del primer capítulo del podcast- el dúo satiriza los reclamos de las feministas de principio del siglo. El cuadro sonoro fue editado por Columbia en 1911 y la etiqueta del disco de pasta reza: "Las locas del Femenismo” (sic) – Recitado cómico por Eugenio López & Los Gobbi

Ya en 1906 hicieron su primera gira internacional que los llevó a Estados Unidos e Inglaterra para grabar discos en la compañía Víctor y cilindros para las discográficas Columbia y Edison. Más tarde se trasladaron a París, contratados por las tiendas Gath y Chaves, también para hacer grabaciones, por lo que poco a poco se fueron ganando el mote de "los reyes del gramófono". Llevaron en sus valijas partituras de tangos y música criolla que sirvieron a la difusión de obras argentinas en Europa. Durante los 7 años que vivieron en París, nació Alfredo Floro Gobbi, uno de los tres hijos de la pareja, quien luego se convertiría en protagonista de la década de mayor éxito del tango, que llegaría a mediados de siglo, además de ser uno de los grandes creadores musicales del género. 

Mientras Flora Gobbi o “Señora de Gobbi”, como también le decían, viajaba con sus canciones y escenas humorísticas, en la Buenos Aires que vio nacer al tango -en lo que José Sebastián Tallón denominó “etapa de música prohibida”-, otras mujeres anónimas creaban desde la danza. Hay un grupo de bailarinas pioneras que están emparentadas en forma indisoluble con el origen orillero del tango. Tuvieron que pasar un par de décadas del siglo XX para que la música tanguera empezara a perder su reputación pecaminosa, su mala fama. Pero antes de esa especie de adecentamiento, en las casas de citas y academias una legión de mujeres bailó esa danza. Fueron inmortalizadas en los tangos con nombres en francés: Margarita Gautier, Madame Ivonne, Margot o Ninón. Las prostitutas no triunfan en los tangos: mueren de tuberculosis, quedan olvidadas, terminan solas, fané y descangayadas; tienen finales miserables que pretenden ser ejemplificadores. Del otro lado del mostrador, también había mujeres, las que regenteaban un tipo de prostíbulo que abundó en la Buenos Aires de fines del siglo XIX y principios del XX: las casitas. Sus encargadas fueron en su mayoría mujeres como Laurentina Montserrat - la madama de “Lo de Laura”- o “La Parda” Flora a quien se le atribuye la frase “¡Que haiga relajo pero con orden!” o María Rangolla “La Vasca” en cuya casa no sólo se podía pagar para bailar o tener sexo, sino que aseguran que allí mismo el afroargentino Rosendo Mendizábal compuso “El entrerriano” o se lo robó al Pibe Ponzio.  No tan renombrada como las otras, Madame Jeannette o “La Ritana” también era dueña de una casa de citas y protagonizó uno de los tantos hechos que agrandan el mito de Carlos Gardel: la bala que el Zorzal recibió en 1915 luego de festejar su cumpleaños en el Palais de Glace –y que quedó alojada junto a uno de sus pulmones- había sido disparada por orden de la pareja de la madama, Juan Garecio. Se había enterado del romance que mantenían el Morocho y su mujer. Garecio también lucraba con la prostitución y la noche: llegó a manejar el cabaret Chantecler. El arma la disparó Roberto Guevara, quien iba acompañado por Gregorio Gallegos de la Serna. El destino los convertiría en tíos lejanos del revolucionario argentino más importante de América Latina, el Che Guevara. Pero esa es otra historia. 

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Los clientes de esas casas –o “casitas”- no sólo buscaban tener sexo: también bebían, bailaban algunos pasos al ritmo del tango en esos espacios donde no estaba mal visto, pasaban el rato al margen de una sociedad que era bastante más pacata que la actual. Si bien también hay registros de que el tango lo bailaron tempranamente mujeres de las clases populares en las orillas, los conventillos y los barrios suburbanos, gran parte de las primeras bailarinas fueron coperas y prostitutas. Ellas fueron moldeando la coreografía de una danza que hoy es producto de exportación. 

Es necesario destacar que distintas organizaciones internacionales de trata de personas se asentaron en nuestro país y comerciaron casi libremente hasta los primeros años de la década de 1930. La mayor organización de trata del mundo, la Zwi Migdal, tenía sede en Buenos Aires, pero operaba en otras ciudades del país, en Brasil, Nueva York, Varsovia, Sudáfrica, India y China. Creada como Sociedad Israelita de Socorros Mutuos Varsovia y constituida a fines del siglo XIX, traficaba niñas de entre 13 y 16 años, en su mayoría de Europa del Este –polacas y rusas- y de origen judío. Con promesas de casamiento, trabajo o una mejor calidad de vida, terminaban trabajando para rufianes, explotadas, privadas de su libertad e inspiraron el vocablo lunfardo “papirusa”. En el cabaret “Elysées” la mayoría de las bailarinas y alternadoras eran polacas víctimas de la red de trata, a fines de la década de 1910 fueron las primeras en fumar en público en Buenos Aires y al pedir un cigarrillo lo nombraban en polaco, “papjerosi”. El lunfa y sus misterios hicieron que en un cruce con la palabra “papusa” surgiera “papirusa”, una forma de denominar a una mujer bella, joven y coqueta.

En 1917, con la creación de “Mi noche triste”, el tango empieza a transitar el camino de la alta poesía, dejando atrás su primera etapa de música de entretenimiento, de crítica humorística o ironía y se entrega a sus dramones inaugurales. En ese primer tango-canción aparece el abandono como tópico que luego la letrística retomará una y otra vez. Fue una mujer que la historia del tango suele olvidar, Manolita Poli, quien hizo un gran éxito interpretando "Mi noche triste" en la obra teatral "Los dientes del perro" de González Castillo y Weisbach en 1918. A partir de este momento las obras teatrales porteñas empezaron a incluir tangos y muchos de ellos se estrenaron en teatros.  Nacida en San Pablo en 1899, integraba una familia de artistas que trabajaban en las dos márgenes del Río de la Plata. Sus padres encabezaron una compañía de zarzuelas y fue a sus 19 años que ingresó a la compañía teatral de Elías Alippi y Enrique Muiño y le puso voz al tango de Pascual Contursi y Samuel Castriota.

Junto a Flora Gobbi y Manolita Poli, la historia recoge los nombres de otras pioneras del canto. Antes de la invención del rol de cancionista, estaban las tiples, revisteras y zarzueleras y entre ellas Pepita Avellaneda, Lola Candales, Linda Thelma, Dorita Miramar, María E. Podestá e Iris Marga.

En el ámbito de la creación de obras tangueras la primera compositora que registra la historia es Eloísa D’Herbil de Silva, una mujer nacida en Cádiz en 1842. Hija del acaudalado Barón de Saint Thomas José d’Herbil, fue alumna de Franz Liszt. La joven pianista pasó su infancia en Cuba y recaló en Argentina en 1868, cuando ya era una concertista experimentada. Aquí, atrapada por la música que nacía, el tango, compuso más de 100 obras. Entre sus tangos, compuso en letra y música una respuesta a “La Morocha” de Saborido y Villoldo. El tango se llama “Yo soy la rubia”, es de 1905 y describe un personaje más cosmopolita:

Yo soy la rubia gentil
La de los cabellos de oro,
La que conserva un tesoro
En su lánguido mirar.

Yo soy la rubia ideal
La que soñando la vida,
A sus placeres convida
Con su risa angelical.

Tengo la gracia de la porteña
Tengo de la francesa todo su chic,
De la española tengo el salero
Y de la rubia inglesa su dulce flirt.

Soy cariñosa, soy hacendosa
¡Y sé hacer unas cosas...!
Que sí...
Que no...
Cantar, bailar, coser, bordar
Y un mate amargo también cebar.

La primera compositora de renombre es Rosita Melo, la autora del vals “Desde el alma”. Nació en Uruguay en 1897 y se crió en Buenos Aires, donde llegó con su familia a los 3 años. Al poco tiempo empezó su formación como pianista. Es autora de tangos, valses clásicos y criollos, polkas, pasodobles y marchas. Junto a su marido, el poeta Víctor Piuma Vélez, formaron una sociedad compositiva. Escribió esa melodía con fama internacional y esencia criolla, que es “Desde el alma”, a los 14 años y al poco tiempo llegó al disco de la mano de una de las principales orquestas de la época, la de Roberto Firpo, que lo grabó en 1921. 

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También la primera bandoneonista profesional cuyo nombre ha llegado hasta nuestros días compuso varias obras que fueron grabadas y editadas: Paquita Bernardo. Aunque ella no llegara nunca a grabar con su orquesta en los 25 años que vivió, Paquita gozó de éxito y renombre en su corta vida artística, a pesar de lo difícil que fue convencer a sus padres de dedicarse a tocar el fueye. Es autora de “Floreal”, “Villa Crespo”, “Cerro divino”, “Cachito”, “La enmascarada” y “Soñando”,  estos últimos dos grabados por su amigo Carlos Gardel.

También fueron autoras varias de las famosas cancionistas de los años 20 y 30. Rosita Quiroga compuso algunas obras, una de las más difundidas es la milonga “Apología tanguera” de 1933 con letra de Enrique Cadícamo. Azucena Maizani escribió letras y músicas de varias obras: las más difundidas son “Pero yo sé” de 1928 y “La canción de Buenos Aires” en coautoría con Orestes Cúfaro y con letra del cineasta y letrista Manuel Romero: aquí Azucena compuso con dos autores prolíficos, integrada a la rueda creativa que movieron en gran parte los hombres pero que también giró gracias a mujeres autoras y compositoras. Mercedes Simone, cantora preferida por melómanos de paladar negro, es autora de un puñado de tangos. El más popular se llama “Cantando” y lo interpretó en la primera película sonora argentina, “Tango” (1933). También Tita Merello tiene obra propia, le pertenecen la letra de “Decime Dios dónde está” con música de Manuel Sucher, letra y música de “Al tango lo canto así” y también son de Tita las letras de “Muchacho rana” y “Llamarada pasional”, ambos con música de Héctor Stamponi.  Libertad Lamarque registró tres obras de su autoría, un vals, un tango y una canción, dos letras y una en letra y música. 

La centenaria Nelly Omar compuso en letra y música. Su compañero más frecuente en la creación fue José Canet. Sus obras, como el repertorio que abordaba, incluyen canciones camperas, valses, tangos y por lo general tienen grabaciones de la propia Nelly. En su mayoría fueron registradas en las décadas del ´60 y ´70, cuando volvió a grabar, después de la prohibición que cayó sobre ella con la instauración de la dictadura del ´55.

 Maruja Pacheco Huergo fue una cancionista popularísima en la radio, pero en su vida artística ejerció distintas artes y oficios: pianista, compositora, letrista, autora de libretos radiales y televisivos, profesora de música y canto, poeta, actriz y recitadora. Nacida en 1916, fue contemporánea de las cancionistas, pero abandonó el tango porque se sentía más cómoda con otros géneros. También grabó música infantil de su autoría. Su nombre perdura principalmente por su rol como autora, compuso 600 obras de diferentes géneros, entre las que se destaca el tango “El adiós” con letra de Virgilio San Clemente, que fue estrenado por Ignacio Corsini en 1938. 

Entre tantas autoras cuyos nombres estuvieron traspapelados durante mucho tiempo, podemos detenernos en la ya reivindicada María Luisa Carnelli. En 2024 la escritora Florencia Abbate publicó un libro que recupera la biografía y la obra periodística de Carnelli. Nacida en La Plata en 1898, cultivó múltiples oficios: fue poeta escritora, periodista y corresponsal durante la Guerra Civil Española. Integrante de una familia en la que el tango era mala palabra, firmó sus letras con los seudónimos Luis Mario y Mario Castro. Su nombre quedó escondido tras esos alias. En 1927 escribió la letra de “El malevo”, para una música preexistente de Julio de Caro. También escribió letras para Francisco Canaro, el Pibe Ponzio, Brignolo, Rafael Rossi, entre otros. Con Edgardo Donato crearon el tango “Se va la vida”, que fue muy difundido en la voz de Azucena Maizani. Escribió cerca de 40 letras de tangos, estilos, canciones y milongas. 

También en la danza, podemos anotar los primeros nombres de las mujeres que se atrevieron a desafiar la mala fama del tango y lo bailaron en público.  Hace 102 años, en 1924, el famoso bailarín Casimiro “el Vasco” Aín bailó el tango en el Vaticano para que el Papa Pío XI evaluara si valía la pena seguir amenazando a quienes practicaran la danza con la excomunión y otras penalidades religiosas. El Vasco bailó en la Sala del Trono acompañado por la señorita Scotto, de quien algunos dicen que era bibliotecaria y otros traductora de la Embajada argentina. El tango elegido fue “Ave María” de Francisco Canaro, lo hicieron con decoro, como ameritaba la ocasión y el Papa aprobó.  De la misma época que Casimiro Aín, aunque más joven, es el famoso Cachafaz, cuya última compañera fue Carmencita Calderón, de las pioneras del baile profesional. En 1932 fue para acompañar a sus hermanas a bailar al Club Sin Rumbo, de Villa Urquiza, y se convirtió en la compañera de baile del famoso bailarín “Tarila” y más tarde de “El Cachafaz” hasta 1942, cuando el bailarín murió. Carmencita fue muy longeva y siguió bailando hasta los 100 años. A sus 90 contó sus inicios en una entrevista: “Venían a mi casa en Villa Urquiza los amigos de mi hermano y bailaban con un fonógrafo de corneta verde. Fue mi hermano quien me enseñó a bailar a los 13 años, era mayor que yo y bailaba muy bien, era muy elegante”. En otra entrevista Carmencita dijo: “Mi padre se murió sin saber que yo bailaba tangos, porque estaba muy mal visto”. 

Este es sólo el comienzo de la historia, una introducción que pone de relieve a las tangueras del kilómetro cero. Ha quedado demostrado que dentro del grupo de hacedoras fundamentales y pioneras del tango -en sus múltiples disciplinas- hay y hubo mujeres. Muchas de ellas nacieron en la provincia de Buenos Aires. Nos detendremos en esas historias para ir creando un tejido que cuente la historia de las tangueras bonaerenses, las que antes y las de hoy. 

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