Anita Cozzi
Por Gilda Fantin | Imágenes: Sabrina Draghi/ Virginia Mena
Hay artistas que escriben sobre grandes amores, despedidas o momentos extraordinarios. Anita Cozzi, en cambio, encuentra inspiración en aquello que muchas veces pasa desapercibido: un gesto solidario en el colectivo, una cena esperándola al volver del trabajo, una charla que cambia el rumbo del día. En tiempos donde todo parece medir su valor por la velocidad y el impacto, la cantautora de Berazategui apuesta por detenerse, observar y recordar que, quizás, las cosas más importantes siguen ocurriendo en silencio.
Con "Cuidar la luz de la rapiña", el primer adelanto de su disco debut, Cozzi abre la puerta a una forma de entender el mundo. Para ella, esa "luz" representa el impulso de seguir creando, deseando y construyendo comunidad incluso cuando el contexto económico, político y social parece invitar al desencanto. Una especie de manifiesto que propone cuidar aquello que sostiene la vida aunque muchas veces resulte invisible.
La poesía de lo cotidiano
Anita compone desde las emociones. Su proceso creativo comienza casi siempre con una experiencia personal que necesita transformarse en palabras. Las letras ocupan un lugar central en su obra, aunque entiende que son los sonidos los que terminan de darles sentido. Cada interpretación, cada presentación en vivo y cada diálogo con quienes producen sus canciones las modifica, las hace crecer y demuestra que una composición nunca termina de cerrarse.
Pero lo que verdaderamente distingue a Anita Cozzi es la sensibilidad con la que observa el mundo. De hecho, "Cuidar la luz de la rapiña" nació como una lista personal de momentos que la conmovía en una etapa donde se sentía abrumada: alguien prestando la SUBE, compañeras haciéndola reír, su pareja esperándola con la comida. Gestos mínimos que terminaron convirtiéndose en una declaración artística.
Hablar de Anita Cozzi también es hablar del conurbano bonaerense. Oriunda de Berazategui, criada y todavía residente allí, asegura que nadie puede desprenderse del territorio al que pertenece porque es justamente el lugar el que moldea las historias, los códigos y las personas que aparecen en sus canciones. Su primer disco está atravesado por esa identidad. No solo desde las letras, sino también desde el universo visual que acompaña cada lanzamiento: su casa, la estación de tren, los santuarios populares, los barrios y las personas que forman parte de su vida aparecen como protagonistas de un relato que reivindica la periferia con orgullo, mostrando tanto sus dificultades como su enorme riqueza cultural.
Mucho más que una cantante
Aunque lleva casi una década tocando sus canciones y publicó varios sencillos, Anita considera que este álbum representa un verdadero punto de inflexión. No solo por el trabajo creativo que implica grabar un disco completo, sino porque entendió que un proyecto artístico también requiere aprender tareas que exceden la música: coordinar equipos, trabajar con productores, realizadores audiovisuales, asesoras de imagen y comunicadores, además de planificar cada paso con paciencia y convicción.
Esa realidad también refleja uno de los principales desafíos de la escena independiente bonaerense. Cozzi reconoce que muchos artistas terminan convirtiéndose, al mismo tiempo, en productores, gestores culturales y community managers para sostener sus proyectos. Insiste en una idea que atraviesa toda la entrevista: el arte también es trabajo y merece ser reconocido como tal.
Para ella, crear nunca es un acto individual. Sus canciones nacen de los vínculos, de las personas y de los espacios compartidos. Cree que el arte sirve para habitar un mundo complejo y que siempre lo hacemos junto a otros. Esa mirada explica uno de los proyectos más significativos de su carrera: el trabajo junto a Pablo Díaz, sobreviviente de La Noche de los Lápices. Lo conoció durante una Feria del Libro en Berazategui. Después de escucharlo presentar su libro de poemas, se acercó para agradecerle y, casi espontáneamente, comenzaron a construir una propuesta poético-musical que recorrió distintos espacios culturales. Próximamente verá la luz "No estoy preparado para morir sin verte", uno de esos poemas convertido en canción con la participación del propio Díaz recitando parte del texto. Para Anita, prestar su voz a esa historia es asumir la responsabilidad de mantener viva una memoria que pertenece a todo un país.
Cuando se le pregunta qué no puede faltar en una canción para que realmente la represente, habla del juego, de experimentar con su voz y de seguir creando con libertad. Porque, para ella, jugar también es una forma profundamente seria de hacer arte. En un panorama musical donde muchas veces parece necesario gritar para ser escuchado, Anita Cozzi elige otro camino: hablar bajito, pero decir mucho. Su obra no busca escapar de la realidad. La abraza. Encuentra belleza donde otros solo ven rutina, convierte los vínculos en canciones y transforma lo cotidiano en un acto de resistencia.
Porque, al final, la luz de la que habla Anita no es una metáfora lejana. Es esa que aparece cada vez que alguien tiende una mano, comparte un momento o decide seguir creando incluso cuando todo invita a dejar de hacerlo. Y mientras existan artistas capaces de recordarnos eso, quizás todavía haya motivos para seguir cuidándola.

