MILEI SIGUE SUMANDO ERRORES
Por Araceli Bellotta | Imágenes: Archivo
De acuerdo con información publicada en distintos medios de comunicación, el gobierno nacional remitiría otra vez el sable corvo del general José de San Martín, que hoy está en el Museo Histórico Nacional, al Regimiento de Granaderos a Caballo que lleva el nombre del Libertador. El traslado sería dispuesto por un decreto del presidente de la Nación que, según informa el diario Clarín, apuntaría a la “correcta administración, la preservación y la seguridad de este bien histórico. Será devolverle a los suyos, lo que es propio”.
Sin embargo, lo que el Poder Ejecutivo Nacional no tiene en cuenta es que la donación del Sable Corvo fue realizada por la familia Terrero Rosas, con el expreso pedido de que estuviera expuesto en el Museo Histórico Nacional. Es decir, que se trató una donación “con cargo”.
El “cargo” es una condición impuesta por quien dona. Si se aceptó el objeto, pero no se cumple con lo pactado, la donación puede ser revocada judicialmente a pedido del donante y/o sus herederos. Ese fue el criterio que adoptó la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuando firmó el decretp 843/2015 que devolvió el Sable a su lugar de origen.
En cuanto a la “preservación y seguridad” que se argumenta, en 2015 se adecuaron las instalaciones del Museo para disponer de una cocina, un cuarto, una sala de estar y baños a disposición de la guardia de Granaderos quienes, en forma permanente, lo custodian. Además se dispuso de una vitrina con vidrios antibalas RB2 aprobados por el RENAR en los cuatro laterales y el techo. La puerta lateral tiene pivotación y cerradura central. Se instaló un sIstema de intrusión para interior con cuatro sensores infrarrojos de movimiento de doble tecnología. Otro sistema de seguridad de cuatro sensores infrarrojos de movimiento y sistema de intrusión para todo el perímetro del museo. Y un sistema de grabación digital de 16 entradas de video geovisión con 10 cámaras de visión nocturna y corrimiento de 3 cámaras existentes.
Historia del retorno del Sable Corvo a la Argentina
El 5 de diciembre de 1835 desde su exilio en Francia, el general San Martín escribió una carta a su yerno Mariano Balcarce que estaba en Buenos Aires junto a su esposa e hija del Libertador, Mercedes San Martín de Balcarce: “Lo que sí les encargo se traigan es mi sable corvo que me ha servido en todas mis campañas de América y servirá para algún nietecito si es que los tengo”.
Nueve años después, en su testamento fechado en París el 23 de enero de 1844, y en ocasión de librarse en la Argentina la llamada “Guerra del Paraná” para resistir la invasión anglofrancesa, el general San Martín dispuso: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sud le será entregado al general de la República Argentina Dn. Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”.
Su voluntad fue cumplida y el sable corvo fue enviado a Rosas quien, en su testamento redactado el 28 de agosto de 1862, en Rockstone House, su domicilio en Southampton, Inglaterra, dispuso en la cláusula décimo octava legar a su amigo y consuegro Juan Nepomuceno Terrero “la espada que me dejó el Excmo. Sr. Capitán General Dn. José de San Martín ('y que lo acompañó en toda la guerra de la Independencia') por la firmeza con que sostuve los derechos de mi Patria. Muerto mi dicho amigo, pasará a su esposa, la Sra. Da. Juanita Rábago de Terrero, y por su muerte a cada uno de sus hijos e hija, por escala de mayor edad”.
Tras la muerte de Rosas en 1877 y fallecido también Juan Nepomuceno Terrero y su esposa, el sable corvo de San Martín quedó en posesión de Máximo Terrero, hijo mayor del matrimonio y esposo de Manuela Rosas.
En 1896, a cinco años de haberse inaugurado el Museo Histórico Nacional, su director Adolfo Carranza le escribió una carta a Manuela Rosas de Terrero pidiéndole la donación del sable para ser exhibido en esa institución.
El 26 de noviembre de ese año, desde Londres, Manuela le respondió: “Por disposición testamentaria de mi padre, el sable que le fue legado por el ilustre Capitán General Dn. José de San Martín, valiosísima prenda que con palabras tan gratas me pide Ud. destine al MUSEO HISTÓRICO NACIONAL de nuestro país, hoy pertenece a mi esposo y como fácilmente comprenderá Ud. mucho le cuesta a él como a todos nosotros, hacer el sacrificio de desprendernos de ella. Es esta la razón de mi demora a la contestación de su pedido. Al fin mi esposo, con la entera aprobación mía y de nuestros hijos se ha decidido donar a la Nación Argentina este monumento de gloria para ella, reconociendo que el verdadero hogar del sable del Libertador debiera ser en el seno del país que libertó. Por lo tanto, puede Ud. Sr. Carranza contar con que al recibo del pedido oficial que Ud. ofrece, la contestación será el envío del sable”.
El 20 de diciembre de 1896, Carranza se dirigió por nota oficial a Máximo Terrero pidiéndole la donación, y el 1 de febrero de 1897 Terrero le respondió: “Mi contestación es el envío de la prenda a Buenos Aires, acompañada de una nota dirigida al Señor Presidente de la República, suplicando a S.E. se sirva aceptarla en calidad de una donación hecha a la Nación Argentina, en nombre mío, de mi esposa, de nuestros hijos y al mismo tiempo manifestando el deseo que SEA DEPSOSITADO EN EL MUSEO HISTÓRICO NACIONAL”.
En la carta que Máximo Terrero le dirigió al Presidente de la República, José Evaristo Uriburu, escribió: “En virtud de esta solicitud (la de Carranza), la presente tiene por objeto ofrecer a V.E. en su carácter de Jefe Supremo de la República, este monumento de gloria para nuestro país, siendo mi deseo donar a la Nación Argentina, para siempre, este recuerdo, quizá el más interesante que existe, de su valiente Libertador”.
En un párrafo siguiente, Terrero explicitó: “Suplico a V.E. se digne aceptar la ofrenda que hago a la Patria en nombre mío, de mi esposa doña Manuela Rozas de Terrero y de nuestros hijos, y si bien en caso de ser aceptada la donación, nos fuera permitido expresar nuestro deseo en cuanto al destino que se le diera al sable, sería el que FUESE DEPOSITADO EN EL MUSEO HISTÓRICO NACIONAL, CON SU VAINA Y CAJA TAL CUAL FUE RECIBIDO EL LEGADO DEL GENERAL SAN MARTÍN”.
Por decreto del 3 de marzo de 1897, firmado por el presidente Uriburu y refrendado por su ministro de Guerra y Marina, Guillermo Villanueva, se dispuso que el sable SE DEPOSITARA EN EL MUSEO HISTÓRICO NACIONAL.
Un día después, el 4 de marzo de 1897, la caja conteniendo el sable corvo desembarcó en Buenos Aires después de haber partido desde el puerto de Southampton en el “Danube” de la Royal Mail y luego trasbordado a la corbeta “La Argentina”.
El presidente Uriburu no concurrió al puerto para recibirlo ni tampoco lo hizo el máximo jefe del Ejército, en una actitud que se interpretó como un desagrado por el origen de quienes habían hecho la donación: los descendientes de Juan Manuel de Rosas.
Durante 66 años el sable del general San Martín permaneció expuesto en el Museo Histórico Nacional, lugar elegido además por su nieta, Mercedes Balcarce para donar el mobiliario del cuarto en el que falleció el Libertador que aún se conserva.
En 1963 y 1965 el sable fue sustraído por grupos de la Resistencia Peronista para reclamar por el regreso del general Juan D. Perón, la devolución del cadáver de Evita, la ruptura con el F.M.I., y la libertad a los presos del Plan CONINTES.
En 1966 el sable fue devuelto y por decreto del Poder Ejecutivo Nacional Nro. 8756, del 11 de noviembre de 1967, el presidente de facto Juan Carlos Onganía dispuso transferir la guardia y custodia del sable al Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín. El decreto argumentaba la medida “en que corresponde confiar el sable del Libertador al Regimiento de Granaderos, por ser la unidad que creara y que más íntimamente está ligada en el sentir popular a su vida gloriosa”.
El 26 de noviembre de 1973 la Comisión de Legislación General de la Cámara de Diputados dictaminó aconsejando la sanción del Proyecto de Resolución presentado por el diputado Isidro Farías por el que se “devuelve al Museo Histórico Nacional el sable del Libertador General José de San Martín y deroga el decreto 8.756/67”. Pero la ley no fue tratada en el recinto.
El sable que el general José de San Martín nunca quiso empuñar en contra de sus compatriotas, permaneció hasta ahora en el Regimiento de Granaderos dentro de un templete blindado construido al efecto por donación del Banco de la Ciudad de Buenos Aires, sin libre acceso al público.
El 18 de mayo de 2015, la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, dispuso por el Decreto Nro. 843/2015 “que el Sable Corvo del Libertador General Don José de San Martín será trasladado al Museo Histórico Nacional, para su exhibición permanente, quedando bajo custodia del Regimiento Granaderos a Caballo “General San Martín”. De esta manera cumplió con el cargo de los Terrero Rosas. De quitar el Sable Corvo del Museo Histórico Nacional, cualquier descendiente de esa familia podría reclamarlo por vía judicial.

