LA CASA DE VICTORIA OCAMPO

Desde 2008, la casa de Victoria Ocampo en San Isidro funciona como un museo abierto al público. Recorrer sus habitaciones tras las huellas de la fundadora de la revista y editorial Sur es embarcarse en un viaje signado por el arte, la música, la literatura y los fantasmas que comienza en las puertas del siglo XX.

Por Mariana Iglesias | Imágenes: Archivo

“Mi casa no tiene más gloria que la de haber visto a hombres como éste (Albert Camus) sentados en un sillón de mimbre al sol; o junto a la chimenea con una taza de café en la mano. No guardo colecciones de valiosas pinturas, de ediciones raras, de objetos coloniales de plata, etc. Sólo he coleccionado pasos y voces.” Victoria Ocampo

El año 1890 podría considerarse un annus mirabilisEl año que anunció las claves de lectura del S. XX. Mientras en la ribera inglesa nacía la escritora y dramaturga Agatha Christie, en algún rincón de Toulouse (Francia), alguien fue testigo del primer llanto de Charles Romuald Gardes, Carlitos para los amigos y Gardel para la posteridad.

Pero en Buenos Aires, a kilómetros del Viejo Mundo, se pergeñaban los preparativos para la Revolución del Parque que dio origen a la Unión Cívica Radical. A pocos pasos de allí, en la calle Viamonte frente a la Iglesia Santa Catalina de Siena, el 7 de abril nació Ramona Victoria Epifanía Rufina Ocampo o simplemente “Victoria”.

En paralelo a ese alumbramiento, el de la agitadora, gestora y mecenas cultural argentina cuyos aportes disfrutamos hasta el día de hoy, la familia colocaba la piedra fundacional de Villa Ocampo, la mansión de descanso estival construida en Beccar, partido de San Isidro, Provincia de Buenos Aires.

En esa casa, el 27 de enero de 1979 después de más de 40 años de poblarla con invitados que conforman la historia del SXX, Victoria murió rodeada de libros, pasos y voces. Tanto la vigencia de la obra de Agatha Christie como la voz de Carlos Gardel y las historia de las que fue testigo la mansión -que Ocampo donó a la Unesco junto a su legado patrimonial- resuenan en la actualidad, no como testimonios del pasado sino como un activo del presente del mundo. 

La patria, ese asunto de familia 

La biografía de Victoria es la historia de la Argentina y en especial de la Provincia de Buenos Aires. Emparentada por parte de padre con José Hernández, autor del Martín Fierro, oriundo del actual partido de Villa Ballester, y por parte de madre conectada con Prilidiano Pueyrredón, autor de los retratos de los bisabuelos de Victoria que se exhiben en la casa, cuyo legado artístico y personal se puede visitar en su quinta y museo, a pocas cuadras de la Villa Ocampo.

Los fantasmas ya estaban en la casa cuando Victoria escuchaba a sus abuelos y tíos recordar la presencia de Domingo Faustino Sarmiento tomando café con el Tata Ocampo, su bisabuelo. También otros espíritus deambulan por la casa. Aquellos que a través de los años les susurraban a las 6 hermanas: Victoria, Angélica, Francisca, Rosa, Clara y Silvina que su tío Enrique fue el asesino de Felicitas Guerrero, victima en 1872 del primer femicidio de la aristocracia argentina.

En su autobiografía, Victoria no ahorra detalles: “Se encontraron con Felicitas tendida en el suelo, ensangrentada, y a Enrique con un revólver en la mano y cara de loco. No sabemos a ciencia cierta si se mató o lo mataron como a un perro rabioso... Mi abuela contaba que nunca olvidaría el grito de su madre cuando vio la cara deshecha del hijo”.

Los veranos la familia se extendían de noviembre a marzo y comenzaban en la flamante estación Retiro donde el Ferrocarril del Bajo conectaba el centro porteño con el norte del Gran Buenos Aires. Los padres de Victoria, Manuel Ocampo y Ramona Aguirre (La Morena), se conocieron en 1888 en el funeral de Sarmiento. Manuel era ingeniero y el encargado de la construcción de la casa, que fue dotada con todos los adelantos y las comodidades necesarias para albergar a su familia.

La construcción se inscribe en la corriente del eclecticismo histórico donde se conjugan elementos de la arquitecturas italiana, inglesa y francesa. La mansarda del techo convive en armonía con la balaustrada que otorga circulación a los pisos superiores, y en la fachada se combinan motivos ingleses y escaleras italianas.

La habitación de Victoria, en el primer piso, es el lugar donde la niña observaba el jardín y aprendía a hablar en francés e inglés antes que en castellano. La casa estaba rodeada de tías. Algunas solteras y otras viudas (como Pancha, la propietaria original de Villa Ocampo que al morir les legó la casa a Victoria y a Angélica). Para todas, Victoria era la preferida. A los 6 años viajó por primera vez a París y a los 11 escribiría sus primeras prosas en francés y decidiría fundar una revista. 

El sueño se va a concretar en 1931 cuando sale a la calle el primer número de Sur, una de las publicaciones culturales más importantes del S. XX. Antes de semejante empresa en la que va a invertir buena parte de su fortuna, Victoria Ocampo ya había definido su vida como un verdadero fracaso cuando a los 15 años su padre le negó la posibilidad de profundizar sus estudios de actuación con fines algo más que recreativos. 

Manuel les advirtió que “si alguna de las chicas se dedicaba al teatro, él se volaba la tapa de los sesos.” Victoria renunció a su verdadera vocación y ese acto despertó a una rebelde con causa.

Otro espíritu deambula por San Isidro: el de la modernidad      

En la primera década del S.XX Ocampo ya había estudiado en la Sorbona, había conocido a Luis Bernardo de Estrada, se había casado con él y se había separado de hecho. Conocer en su luna de miel a Julián Martínez, primo de su esposo, no le sentó bien al matrimonio, pero si a Victoria que mantuvo con Julián un romance clandestino durante 13 años. 

Foto 2

En 1914 se convirtió en la primera mujer argentina que condujo un auto sola (sin la compañía ni autorización de padres, maridos o hermanos) y en los años 20. Mientras escribía artículos para el diario La Nación y su vida giraba en torno a la literatura, la música y los amigos, conoció a José Ortega y Gasset y publicó DeFrancesca a Beatrice

Poco después tomará contacto con el poeta indio Rabindranath Tagore y quedará encandilada por su figura y su obra. En la visita que el autor de Gitanjalí concretó a Buenos Aires en 1924, Victoria fue su cicerone. A tal punto que Tagore, algo débil de salud por aquellos días, será huésped de Victoria en San Isidro y ella se mudará momentáneamente a Villa Ocampo para ocuparse personalmente del invitado que disfrutará, con algunas reservas, de Miralrío, otra mansión alquilada por la propia Victoria a pocos metros de su casa, para hospedar cómodamente al poeta.

Su fascinación por la modernidad llegó hasta la arquitectura. En 1929, bajo los lineamientos del arquitecto suizo Le Corbusier, le encargó a Alejandro Bustillo la construcción de su casa de Palermo que hoy es la sede del Fondo Nacional de las Artes. 

Los años siguientes estuvieron signados por viajes, visitas y la consolidación de Sur, la revista y editorial que conformaría su proyecto de vida. 

Los ecos que resuenan en Villa Ocampo

A partir de los años 40, Victoria y la casa se convirtieron en un objeto de deseo y pertenencia. La escritora concretó su mudanza a la Villa en 1941 y encaró modificaciones en la casa y en los jardines que, luego de la división por herencia familiar, se vieron reducidos, convirtiendo el parque en un espacio de transición entre la propiedad, la galería, la barranca y el río. 

Victoria pasó muchas horas contemplando y trabajando ese jardín. Cada una de las especies de árboles que aportan diversidad y originalidad fueron su decisión. Internarse por sus senderos supone descubrir esculturas, diferentes plantas de exquisitos aromas como gardenias, jazmines, caña de ámbar y fresias. La fuente central capta nuestra atención desde distintos ángulos y atrae a los pájaros de la ribera de San Isidro.

El hall central es de doble altura con claraboya y conecta los ámbitos públicos y privados: salón comedor y salas abiertas a la amplia galería del jardín. Al recorrer la propiedad llama la atención en el descanso de la escalera principal un tapiz con un diseño de Pablo Picasso, y a medida que entramos al comedor, las lámparas estilo Bauhaus alrededor de la mesa rodeada de sillas de paja.

Al perdernos entre los distintos espacios podemos intuir aquellos pasos y voces que acompañaron a Victoria por décadas. En la sala de música, que hizo pintar de blanco, dos armarios chinos laqueados con cerrojos de bronce custodian un piano Steinway en el que aún parecen escucharse las melodías ejecutadas por el compositor ruso Igor Stravinsky o el pianista polaco-estadounidense Arthur Rubinstein. El retrato de Victoria, obra del gran Pedro Figari, parece vigilar a quienes nos acercamos peligrosamente a sus objetos amados.

En la sala de estar habitan los fantasmas de la casa o bien, el eco de la historia de los siglos XIX y XX, que nos permiten imaginar a Victoria agasajando a Graham Greene, Roger Caillois, Julián Huxley (hermano de Aldous Huxley y primer director general de la UNESCO) o a Atahualpa Yupanqui; y a María Elena Walsh, a quien Victoria Ocampo la admiraba no sólo como la esperanza blanca de la poesía argentina, sino también como la referente indiscutida de la literatura para infancias. 

Foto 3

En Villa Ocampo se alojaron, o pasaron días enteros, Albert Camus, Ígor Stravinski, Alfonso Reyes, Saint-John Perse (Premio Nobel de Literatura en 1960), Le Corbusier, Walter Gropius, José Ortega y Gasset, Antoine Saint Exupéry, Pablo Neruda, Pierre Drieu La Rochelle, Jacques Maritain, Ernest Ansermet, Jane Bathori, André Malraux, Indira Gandhi, Federico García Lorca, Gisèle Freund y Gabriela Mistral. Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares conformaban elenco estable de invitados.

En la sala Sur de la casa que era un antiguo escritorio diario, empezamos a tomar contacto con la zona más intima de la propiedad. Allí encontramos dos espacios clave: el escritorio y la máquina de escribir junto a una parte de la biblioteca personal de la directora de Sur. Recorriendo los anaqueles descubrimos joyas librescas: ediciones originales, con dedicatorias manuscritas de sus autores, y anotaciones de puño y letra de Victoria. En la actualidad, se realizan exposiciones periódicas con materiales originales del Centro de Documentación.

En este piso también nos asomamos a la habitación de Victoria que incluye la cama, el televisor de época y un necessaire personal. El baño en suite íntegramente original, con el piso en deck cierra el espacio de la dueña de casa y el resto de las dependencias forman parte de los cuartos que otrora habitaron las hermanas y tías.

Su legado, nuestro patrimonio

Los lectores argentinos le debemos a Ocampo no solo las primeras traducciones de Jack Kerouac, el primer contacto con los textos de la Escuela de Francfort o las primeras lecturas de Walter Benjamín en español. También hemos conocido a decenas de escritoras latinoamericanas porque fueron publicadas en Sur, lo que permitió una verdadera circulación entre ambos continentes.

Como la inmensa mayoría de los escritores argentinos, Victoria Ocampo  era una ferviente antiperonista. En 1953 pasó casi un mes presa en la cárcel del Buen Pastor de San Telmo, Buenos Aires, porque fue acusada de conspiración por bombas que estallaron en un acto de la CGT. Para ese entonces ya había comenzado a escribir su autobiografía, había participado como la única latinoamericana en los juicios de Nuremberg y conformaba el directorio del Fondo Nacional de las Artes, que integró hasta 1973, un año clave para la historia política y cultural de nuestro país y también para Victoria. 

Por entonces, otros fantasmas acechaban su casa y sus recuerdos. Mientras el pueblo celebraba el regreso de Perón al poder, Victoria se vio en la necesidad de velar por su patrimonio y por su legado.  En una extraordinaria maniobra donó sus propiedades de San Isidro (Villa Ocampo) y Villa Victoria, su casa de verano en Mar del Plata, a la UNESCO con cláusula de uso en vida. 

De esta manera se creó el Observatorio UNESCO-Villa Ocampo, cuyo objetivo es posicionar a la Cultura, la Educación y la Ciencia como componentes transversales que impacten en la calidad de vida y promuevan el desarrollo humano.  

Sin embargo, 30 años después (2003) Villa Ocampo sufrió un gran incendio en sus techos porque la instalación eléctrica estaba en mal estado y se perdió una gran cantidad de objetos patrimoniales, entre libros, muebles y cartas. Frente a este siniestro, la Unesco creó un ente destinado a restaurar la vivienda.

El Proyecto Villa Ocampo atravesó un proceso de puesta en valor, que culminó en 2013. El gobierno del expresidente Néstor Kirchner se hizo cargo de las restauraciones de la casa, que es Patrimonio Histórico Nacional desde 1997. Las obras incluyeron la recuperación del edificio, el jardín y las colecciones históricas (mobiliario, obras de arte, biblioteca y archivo), al tiempo que se modernizaron las instalaciones, incorporando infraestructura y equipamientos indispensables para recibir la visita del público general y realizar eventos culturales. 

Es paradójico pensar que tanto la Villa Ocampo, donada a la UNESCO para su preservación, como la Casa Argentina en París que aloja cada día a decenas de estudiantes y profesionales, como lo hizo en su momento el joven antiperonista Julio Cortázar, hayan sido restauradas y recuperadas por gobiernos de corte popular como el kirchnerista en el primer caso, y por la decisión política de Eva Perón que se ocupó de que se concretaran las reformas necesarias en la casa de la ciudad universitaria de París.

Actualmente, Villa Ocampo preserva 152 obras de arte, 1200 fotografías, 4 mil cartas, cientos de documentos sonoros y partituras, así como una biblioteca y otros archivos de investigación. Una vez terminada la primera etapa de la restauración, Villa Ocampo abrió sus puertas al público en 2005 con la inauguración de la planta baja.

 La apertura del primer piso se realizó en abril de 2008. Para visitarla basta con acercarse a Elortondo 1837 de Beccar, los viernes de 12.30 a 18 y los sábados, domingo y feriados de 10 a 19. Se puede visitar libremente o con guía, y además hay recorridos que profundizan en temáticas de género y otros relativos a los jardines de la Villa. El bistró abre en el mismo horario que la casa museo.

Cuando Victoria murió el 27 de enero de 1979, Borges, que había estado toda la vida muy cerca de ella, dijo: “En un país y en una época en que las mujeres eran genéricas, tuvo el valor de ser un individuo. Dedicó su fortuna, que era considerable, a la educación de su país y su continente. Personalmente le debo mucho a Victoria Ocampo, pero le debo mucho más como argentino”.