ARTISTAS DEL METAL
Por Julieta Páez | Imágenes: Eva Cabrera
El trabajo con metales es una actividad que se remonta a los tiempos más antiguos. En nuestro continente ya era un arte sofisticado antes de la llegada de los colonizadores. Los plateros, orfebres, joyeros de los pueblos originarios supieron desde siempre elaborar joyas, abalorios, piezas religiosas y de uso cotidiano. Y dominaban técnicas complejas como el martillado, laminado, fundición a la cera perdida y dorado por oxidación. Elaboraban piezas de gran valor y belleza ornamental en oro, plata y otros metales, muchas de ellas para los rituales de las élites de culturas ancestrales como la moche, chimú, inca, mixteca, maya y azteca, por nombrar algunas.
En nuestro país hay evidencia de platería y orfebrería elaborada que data del 1000 a.C. Son piezas de joyería y representaciones de serpientes de dos cabezas recortadas y repujadas con detalles ornamentales; también utensilios y herramientas en bronce. Luego, el contacto con los incas, influenció fuertemente la metalurgia local, así como lo hizo la conquista europea. Por su parte, el pueblo mapuche, también desde antes de la llegada de los colonizadores, labraban metales para hacer joyería y ornamentos.
La Provincia de Buenos Aires cuenta con una larga tradición en la platería criolla de impronta rural y gauchesca muy característica de su identidad. El apero de montar y otros elementos y accesorios típicos (espuelas, rebenques, estribos, verijeros de cintura, facones y demás), obra de artesanos orfebres y plateros, eran los únicos bienes que poseía el gaucho y funcionaban como sus ahorros. La llamada consolidación y modernización del Estado y el alambrado de los campos hizo que, para principios de siglo XX, el gaucho, tal como se lo conocía, no existiera más. Esto, sumado a la competencia con las piezas industriales, redundó en un fuerte golpe para los artesanos locales. Sin embargo, quienes colaboraron para que perdurase esta labor fueron los inmigrantes europeos devenidos gringos criollos, que, por un lado, adoptaron la vestimenta y las costumbres del gaucho, y por el otro, introdujeron cambios de estilo de la mano de plateros y orfebres procedentes de Europa.
Hoy en día, hay muchos artesanos en diferentes localidades de nuestra provincia que se han formado en talleres familiares, en escuelas de oficios y escuelas de artesanos. Con distintas especialidades e improntas, tan diversas como la cultura de nuestra provincia. Entrevistamos a dos de ellos, Henia Chiazzaro y David Saco.
Henia Chiazzaro es artesana y orfebre desde hace más de veinte años. Ha participado de grandes eventos a nivel nacional en diferentes provincias, donde recibió unánime reconocimiento. También llevó su trabajo a Uruguay y Chile. Y en 2021 viajó a Francia a exponer en el Carrousel del Museo Louvre de París.
David Saco es maestro platero, orfebre y docente del Mercado Artesanal Bonaerense. Ha sido parte de ferias, certámenes y muestras nacionales e internacionales en las cuales ha cosechado varios premios. Se dedica a la platería criolla y realiza en general piezas grandes. También fabrica sus propias herramientas y sus mesas especiales de trabajo. Como si fuera poco, se le anima a la escritura y recientemente presentó un libro de su autoría, Universo platero.
–Henia, contame cómo aprendiste el oficio.
–Comencé de forma autodidacta, vendiendo en ferias. Como había ferias que requerían de una mayor calidad de piezas, me anoté en la Escuela Municipal de Oficios de Monte Grande y allí aprendí nuevas técnicas y me perfeccioné en el oficio para acceder a lugares de mayor nivel y mayor exigencia. Para mí las ferias son muy importantes, son un bastión de la cultura del pueblo, donde no solo se venden artesanías, sino que también circulan saberes de forma colaborativa y solidaria. La feria no es solo un lugar de venta, también es una escuela popular. Por eso es fundamental la presencia del Estado. Las ferias de las fiestas populares de todo el país son fundamentales en este sentido. Los saberes circulan de boca en boca, se genera comunidad, se construye y se comparte. Vas a una feria y te recomiendan otra y así vas recorriendo y conociendo tu país y aprendiendo a quererlo. Conocer trabajos de otros colegas, conocer la diversidad del país es clave. El artesano es viajante, pulsa la vida de otra forma; tiene el taller en su casa porque vive la artesanía. En las ferias en las que participo desde hace muchos años hay una cooperación entre los artesanos y las artesanas de las que me he nutrido y ayudé también a que otros se nutrieran.
–Tu caso, David, es distinto. Tengo entendido que tu formación de origen es de técnico mecánico y que pasaste por la Facultad de Ingeniería. ¿Cómo es que llegaste a ser maestro orfebre?
–Yo estudiaba en el colegio industrial y mi madre tenía un local en el que algunos artesanos le dejaban piezas para la venta. Entonces empecé medio autodidacta a trenzar cuero, a trabajar con alambre por curiosidad. En casa había herramientas porque mi padre era armador de banco y hacíamos cosas para la casa. Mucho tiempo trabajé en una empresa como dibujante proyectista de obra, pero siempre tuve una inclinación artística, lo que me hizo ir optando por las artesanías. Un tío me recomendó la Escuela de Artesanías de Berazategui para estudiar platería, así que me anoté e hice la carrera. Además, tomé clases con artesanos consagrados de la provincia. Una vez que terminé la Escuela de Berazategui, cursé durante unos años Artes en Quilmes para formarme en dibujo y escultura, dos disciplinas que me aportaron mucho a la orfebrería. En un momento ya no podía con todo, así que decidí dedicarme a la platería, que era lo que me llenaba, lo que me hacía bien. Yo creo que los materiales te convocan o no te convocan. Un maestro de la escuela de artesanías me dijo: “Quedate con un solo oficio; si elegís platería, andá por ahí, porque diversificar mucho es un problema”. Y me quedé con la platería, sobre todo la platería criolla.
–La platería, la orfebrería, el trabajo en metales son actividades muy masculinizadas. ¿Cómo es ser orfebre mujer, Henia?
–No es fácil hacerse un lugar en este campo. Una artesana orfebre, platera mujer siempre tiene que demostrar su idoneidad o la autoría de las piezas y los diseños, cosa que rara vez se les exige a los hombres. En algunas ferias, las fiscalizaciones son mucho más estrictas para las artesanas que para los hombres. Se le piden más explicaciones, se duda de su autoría, cosa que jamás sucede con los varones. Si yo hiciera crochet, nadie dudaría de que las piezas son mías; en cambio con la joyería, la orfebrería, esto pasa mucho. Tenemos que estar todo el tiempo demostrando nuestras habilidades, nuestras capacidades. A pesar de nuestra trayectoria, nuestros recorridos, siempre se nos exige más.
–He visto que parte de tu obra es orfebrería litúrgica de una delicadeza y una belleza increíbles. ¿Cómo es que llegaste a ese mundo?
–Bueno, ¡gracias! Al principio hacía joyería, pero la pandemia fue muy dura para mí. En realidad, para todos los artesanos y artesanas. Entonces fui a la iglesia de mi pueblo, San Vicente, a hablar con el sacerdote. La situación era muy difícil, sin trabajo se complicaba mucho. El sacerdote me preguntó a qué me dedicaba y cuando le dije que hacía joyería me preguntó si me animaba a hacer una corona para San José. Le dije que nunca había hecho un trabajo así. Él me dijo que si manejaba los materiales, las herramientas, las técnicas, seguro iba a poder y me animó a hacerlo. Así es como hice mi primera coronita de 15 centímetros de diámetro y luego me encargaron otra. El sacerdote me recomendó más tarde a otra parroquia que necesitaba una restauración y así fui especializándome en orfebrería litúrgica haciendo piezas para el ajuar de las vírgenes y los santos.
–David, vos además sos docente. ¿Cómo se pasa de ser artesano a enseñar el oficio?
–Para mí es muy importante transmitir el saber, porque viste que este es un oficio bastante hermético. Cuando yo estudiaba había algunas técnicas que quería aprender, pero no lograba que nadie me las enseñara. Entonces fui a ver a Armando Ferreira, un artesano de Olavarría, un gran maestro de la Provincia de Buenos Aires, para pedirle que me enseñara y lo hizo con mucha generosidad. De eso se trata ser maestro, de enseñar con generosidad. También hice un tramo pedagógico para ejercer la docencia. Yo valoro mucho el momento de taller con los alumnos, porque es un espacio de acompañamiento mutuo, de sostén entre alumnos y profesores. En el taller todos aprendemos, los alumnos traen conocimientos de sus experiencias, de sus profesiones y nos nutrimos todos.
–Y ese hermetismo que mencionás, ¿lo ves actualmente o eso ha ido cambiando?
–Sigue existiendo un cierto ocultismo en la disciplina. Tal vez cada vez menos porque, al mermar la demanda de piezas, los y las artesanas se vuelcan a la docencia, abren escuelas o enseñan en sus talleres. También, por suerte, ahora existe APA, que es la Asociación de Artesanas y Artesanos Plateros Argentinos, de la que formamos parte con Henia. APA se dedica a difundir, compartir estos saberes. También buscamos posicionar de nuevo el oficio y recuperar el prestigio que supo tener en nuestro país y en la Provincia. La Asociación participa de encuentros, de muestras, charlas… Se hacen convenios con casas de estudios, presentamos un libro, Manos plateras, que recopila distintos trabajos de artesanos del país. También se realizan convenios con escuelas técnicas para proveerlos de herramientas, construirlas, restaurarlas. Se crean redes de ayuda y sostén.
–Los dos tienen piezas muy trabajadas, con mucho detalle, tanto las litúrgicas de Henia como la joyería o las criollas de David. ¿Cómo es el proceso de elaboración de una pieza?
Henia: –Primero pongo especial atención en el diseño, dibujo, hago bocetos. Las terminaciones también son fundamentales para mí. Me importan mucho los detalles porque son piezas totalmente artesanales. El calado, los engarces y soldaduras son técnicas básicas para la confección de cualquier joya, además utilizó la técnica del cincelado para mis trabajos.
David: –El metal arranca en el taller. Lo que es la plata o el oro, desde la granalla o del metal puro, se hace la aleación, se lamina, se preparan las chapas, los caños, los alambres, las soldaduras. La chapa se lamina según el diseño, según las medidas precisas. Se cortan, se doblan, se moldean, se martillan, se sueldan, por último se liman y se emprolijan. En el caso de las piezas cinceladas, se trabaja el dibujo de la pieza con volumen, se llenan de brea para cincelar, se pegan en una bala o en un cajón y se cincelan. Después viene el proceso de limpieza, blanqueado, pulido y terminaciones, que, como decía Henia, son fundamentales. Hay otros procesos como el calado, en el que se perfora una chapa y se entra con la sierra de calar; pueden ser calados sobrepuestos y soldados. Otro proceso es la fundición a la cera perdida; se hacen decoraciones o pequeñas estatuillas. Son trabajos de muchos pasos, de mucha paciencia y dedicación.
–Henia, en 2021 expusiste en París, nada más y nada menos que en el Louvre. Contame de esa experiencia.
–El viaje a Francia surge como una idea grupal. A partir de un compañero que fue contactado por un gestor cultural para la muestra "Art-Shopping", que combina obra de arte y artesanía y se realiza dos veces al año en el Carrousel del Louvre. Este compañero extendió la propuesta a otros artesanos y artesanas que habíamos sido reconocidos por nuestros trabajos en las fiestas nacionales y ferias de Argentina. Acepté la propuesta, nos organizamos y, en un gran esfuerzo colectivo y de recaudación de fondos con eventos, peñas, rifas y alguna ayuda municipal, logramos viajar cuatro compañerxs a exponer la artesanía argentina en varios rubros: mates, joyería, telar, cueros. La verdad es que no hubiese sido posible sin la solidaridad y el trabajo grupal en pos de un objetivo común. Obviamente no creo en la meritocracia ni en el éxito personal. Somos una pequeña parte de un todo y tejemos hermandad. Recibimos hospedaje gratis de una amiga en Francia y el objetivo era difundir la artesanía argentina y tejer vínculos con organizaciones y/o galerías de arte para poder comercializar artesanías en Europa. No lo logramos aún, pero seguimos con ese proyecto.
–David, recientemente presentaste Universo platero. ¿Cómo surgió la idea de escribir un libro?
–El libro es un manual de platería con ilustraciones y explicaciones paso a paso de la disciplina. Pero además cada capítulo cierra con una historia relacionada al tema tratado. Durante un tiempo fui anotando todo lo que hacía a medida que trabajaba. Escribía a mano alzada y hacía croquis de las técnicas, de los pasos, y surgió la idea de hacer un libro con eso, pero era medio caótico. Entonces un alumno, Oscar Mazzone, me ayudó a organizarme con el Diagrama de Ishikawa. Con esa herramienta organizamos el libro. Nos reunimos periódicamente varias horas para ir dándole forma. Oscar me ayudó con los dibujos del manual. Logramos tenerlo listo para finales del año pasado, hicimos una autoedición de 100 ejemplares que estamos vendiendo en eventos. Lo presentamos en la Tercera Muestra Federal de APA, en el Museo Las Lilas de San Antonio de Areco, en diciembre de 2025. Además, ya se repartió entre distintos colegas y escuelas en nuestro país y también afuera. Por ejemplo, la Escuela de Cuchillería de Valencia, la Escuela de Platería de Bento Gonçalves, Brasil, y la Escuela de Artesanías de Berazategui ya tienen sus ejemplares.
La provincia de Buenos Aires tiene una gran riqueza cultural y un importante acervo de saberes artesanales y ancestrales. En todas las localidades, en todos los pueblos, hay artesanos y artesanas como Henia y David que contribuyen a forjar la identidad bonaerense, siempre heterogénea y diversa, poniendo el cuerpo y el corazón en cada pieza, en cada feria, en cada clase.

