DOLORES REYES

La autora tuvo una primera novela consagratoria, Cometierra (2019), que dio la vuelta al mundo y la instaló de repete como una de las voces más potentes, originales y políticas de la narrativa argentina. Del conurbano, docente y madre de siete hijos, su escritura está menos atenta a la academia y las modas literarias que al barrio y los problemas sociales.

Por Inés Busquets | Imágenes: Ale López

Dolores Reyes nació en la zona oeste del Gran Buenos Aires, donde vive con sus siete hijos, ejerce la docencia y escribe.

Su primera novela, Cometierra, publicada por la editorial Sigilo en 2019, fue traducida a doce idiomas y aclamada como uno de los mejores libros de ese año por la crítica argentina y algunos de los medios más prestigiosos del mundo como el New York Times y El País, de España. 

En 2023 publicó su segunda novela, Miseria, por el sello Alfaguara, una continuación de su exitoso debut en la literatura. Esta vez, la protagonista traslada sus dones paranormales del conurbano al barrio porteño de Flores. La saga también llegó a las plataformas: en octubre de 2025, se estrenó la serie Cometierra en Amazon, dirigida por Daniel Burman. 

Aunque la experiencia de Reyes como docente ha sido una influencia en su escritura, si algo distingue su narrativa son los personajes populares, desplazados socialmente, quienes construyen vínculos y desarrollan saberes que moldean una identidad específica. En Cometierra, según Reyes, puede observarse un “estado de la lengua absolutamente bonaerense”, con un fuerte arraigo en cuanto al tono, al registro, a las voces. Además, entiende que el personaje central de la novela trascendió a la obra y a la autora. “Es un libro que nos sacudió a todos y que impacta especialmente en los jóvenes, que se identifican con las problemáticas y se apropiaron del personaje”, dice. 

Reyes tiene la capacidad de darle voz a los oprimidos, de interpelar, conmover e incomodar porque su escritura hace visible la desigualdad, la violencia y el femicidio. También toma el tópico de las desapariciones, reivindica el rol de “las buscadoras” y denuncia el silencio que muchas veces es institucional. “El silencio es el arma más efectiva que tienen las violencias para perpetuarse y una de las formas de romper el silencio es contando historias. La ficción tiene esa potencia porque señala la realidad que se quiere tapar”, afirma la autora. 

En 2024, la novela Cometierra sufrió un intento de censura por parte del gobierno de Javier Milei, al igual que otros textos que forman parte de la colección “Identidades Bonaerenses” que se distribuye en las escuelas de la Provincia. La vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, cuestionó el contenido sexual de la novela y una fundación presentó una denuncia judicial. También fueron objetadas Las aventuras de la China Iron, de Gabriela Cabezón Cámara; Las primas, de Aurora Venturini, y Si no fueras tan niña, de Sol Fantin.

En respuesta a esta ofensiva oscurantista, los escritores y escritoras argentinos convocaron a una lectura masiva de Cometierra en el teatro El Picadero. La reivindicación de la novela obtuvo también apoyo internacional.

“Hoy el personaje tiene razón de ser, tiene vigencia porque, si bien toca temas universales, en este momento, lejos de solucionarse, se agudizan”. En su primera novela, Dolores intentó conectar la tierra que habitamos con las madres que buscan a sus seres queridos; el personaje sintetiza todo lo que la tierra tiene para contar. “Dejamos una huella en la tierra que habitamos”, dice la autora. Y el personaje al que llaman Cometierra visibiliza esa huella. 

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En verano, Dolores lee más que nunca y también escribe. “Me gusta el verano pero normal, no el del calentamiento global, de 40, 42 grados, porque es imposible de soportar. Me gusta compartir tiempo con mis hijos, que están de vacaciones, y curtir la pelopincho, la playa, el río. Eso es hermoso. También hay un tiempo extra en el que se puede leer más, y realmente leo muchísimo más en verano que con la vorágine del año”.

–¿Libro en papel o digital?

–Me gusta el papel, el libro como objeto de arte.

–¿Libro nuevo o relectura?

–Lecturas o relecturas, las dos. Amo tanto leer como releer y encontrar nuevos significados en un libro que ya transité. 

–¿Novela larga o textos breves?

–Me da lo mismo, pero últimamente le estoy entrando con ganas a novelas de largo aliento, así que novela larga.

–¿Clásico o contemporáneo?

–Me resulta difícil elegir clásico o contemporáneo. Tengo formación clásica y me gusta muchísimo, pero también leo contemporáneos todo el tiempo.

–¿Algún autor/a que siempre vuelve en verano?

–Hay un montón, pero alguien que siempre me trae el verano, por el mar, por el agua, por nadar, es Héctor Viel Temperley. Súper recomiendo tanto Crawl como El nadador y Hospital británico, todo Viel es una voladura de cabeza.

–¿Leer de día o de noche?

–De día porque de noche me da sueño. Leo antes de dormir, pero si quiero leer una novela o algo de largo aliento, de día.

–¿Algún paisaje en particular que te guste: playa, montañas, río, ciudad?

–Playa, soy muy de playa; me gusta el mar y me gusta el río también.

–¿Subrayar o no subrayar?

–Subrayar a full. Subrayo, marco, redondeo, escribo los márgenes, les pongo post-it a los libros. Hago de todo.

–¿Un libro para recomendar en verano?

–Enero, de Sara Gallardo.