MaiTe

Nació en Villa Elisa y empezó a balbucear sus primeras canciones, en inglés, durante la pandemia. Atravesó un proceso depresivo, que la paralizó. Pudo salir: con paciencia comenzó a escribir en castellano sobre sus propias vivencias, y todo cambió. Su muy buen disco debut -canciones en una línea de pop indie- es una muestra de ese cambio.

Tiene 20 años, firma como MaiTe, se llama Maite Barberena Rodríguez, y empezó a darle forma a su universo musical con “Cositas in My Thoughts (Cositas en mis pensamientos)", un disco que refleja emociones íntimas y pensamientos cotidianos. Su estilo combina el pop folk con influencias del rock indie, logrando un sonido sensible, donde cada canción funciona como una pequeña ventana a su mundo interior. Pero hay historias que empiezan antes de que alguien las nombre como proyecto. La de MaiTe es una de esas. 

Oriunda de Villa Elisa, La Plata, su camino no arranca en un escenario ni en un estudio profesional, sino en un momento mucho más íntimo: en plena pandemia, con 14 años, encerrada como tantos otros, con la necesidad de escribir lo que le pasaba por dentro.

Foto 2

No fue inmediato. Su primera canción, de hecho, no la representa. La escribió en inglés, con palabras simples, inventando una situación que ni siquiera había vivido. Hoy no le gusta, nunca la grabó, y de alguna manera funciona como un punto de partida necesario para entender todo lo que vino después. Porque la segunda canción, “Brownies”, sí marcó un quiebre. Ahí apareció algo real, algo propio. Una emoción que no podía ser esquivada. Y con ella, una certeza que se volvería central en su forma de componer: MaiTe solo puede escribir cuando el sentimiento está a flor de piel. No hay distancia, dice, entre lo que vive y lo que crea.

Antes de ese proceso, ya tenía formación musical. Sabía tocar, tenía herramientas prácticas. Pero componer es otra cosa. Es traducir emociones en palabras y sonidos, y eso no siempre resulta sencillo. Al principio, esa falta de teoría le dificultaba elegir acordes, cerrar melodías o incluso comunicar lo que quería lograr. Con el tiempo, el aprendizaje fue ordenando ese caos creativo y le permitió algo fundamental: dialogar mejor con su productor, Tili.

El vínculo con él no es menor. Fue parte del proceso desde el inicio, en una etapa en la que todo era nuevo para ambos. La producción del primer disco no solo implicó crear canciones, sino también aprender a producirlas. Probar, equivocarse, insistir. En ese camino, MaiTe no solo encontró un sonido, sino también una voz propia dentro del proceso creativo. Aprendió a defender sus ideas, a decir que no cuando algo no le cerraba, a dejar de pensar en la mirada ajena para enfocarse en lo que ella quería construir. Entender que el proyecto era suyo no fue inmediato, pero terminó siendo uno de los aprendizajes más importantes.

Foto 3

Ese crecimiento artístico convivía, al mismo tiempo, con un contexto personal complejo. La pandemia no fue solo el escenario en el que empezó a hacer música, sino también un período atravesado por un episodio depresivo fuerte. Y eso dejó marcas en su obra. Durante mucho tiempo, el inglés funcionó como una especie de refugio. No solo por una cuestión estética o de influencias —sus artistas favoritos son mayormente de habla inglesa—, sino como una forma de protegerse. Escribir en otro idioma le permitía decir lo que sentía sin exponerse del todo, incluso frente a su propia familia. Era una manera de poner distancia.

El disco que surgió de ese proceso llevó dos años de trabajo. Dos años de escuchar las mismas canciones una y otra vez, de sentir que nunca estaban listas, de convivir con la duda constante. El momento más difícil no fue empezar, sino terminar. Ese cansancio acumulado, esa sensación de no llegar nunca a la versión definitiva. Una vez que el álbum salió, algo cambió. Las canciones dejaron de ser solo suyas y empezaron a circular, a encontrarse con otros.

Ahí apareció otra instancia clave: el vivo. Tocar, tener fechas, compartir su música cara a cara con un público. Y también, por primera vez, cobrar por lo que hacía. Ese momento marcó un antes y un después. La música dejó de ser únicamente una pasión o un espacio personal y empezó a consolidarse como un posible proyecto de vida, como un trabajo.

Si tuviera que resumir ese primer álbum en una sensación, MaiTe elige la nostalgia. Pero no como un concepto simple o romántico. Es una nostalgia atravesada por contradicciones: canciones que idealizan el pasado conviven con otras que muestran, de forma cruda, lo que realmente estaba sintiendo. Hay una dualidad constante entre extrañar y cuestionar aquello que se extraña. Entre mirar hacia atrás con cariño y, al mismo tiempo, entender que no todo lo que se vivió merece ser repetido.

En ese recorrido aparece también un cambio significativo: el paso al español. Después de años escribiendo en inglés, enfrentarse a su idioma fue un desafío. Todo se volvía más directo, más personal, más difícil de decir. Sentía que las palabras eran básicas, que no alcanzaban. Pero escribir, como cualquier práctica, implica insistir incluso cuando no convence. Y en ese ejercicio apareció “Abuelitas”.

Esa canción marca un punto de inflexión. Por el idioma y por lo que cuenta. Habla del vínculo con sus abuelos, con quienes tuvo una relación muy cercana, incluso llegando a vivir con ellos durante dos años. La canción surge a partir del fallecimiento de su abuela, un duelo que durante mucho tiempo no pudo poner en palabras. Hasta que pudo. Y cuando lo hizo, fue en español. Porque hay emociones que no admiten traducción ni distancia.

A medida que su proyecto crece, también empieza a incorporar nuevas dimensiones. Entre ellas, una mirada más política. No necesariamente desde lo explícito, sino desde la decisión de posicionarse frente al contexto actual, tanto a nivel nacional como global. Entender que hacer música es también habitar un tiempo, una realidad.

Hoy, al mirar hacia atrás, su recorrido no parece lineal, sí coherente y honesto. Esa que aparece cuando escribe desde lo que siente, incluso cuando es incómodo. Incluso cuando duele. En el fondo, eso es lo que sostiene todo su proyecto. MaiTe no escribe canciones para sonar, escribe canciones para sentir. En ese gesto, tan íntimo como universal, logra que lo personal deje de ser solo suyo y se transforme en algo que otros también pueden habitar.