Paula de Luque
Por Hugo F. Sánchez | Imágenes: @federico_cosso
“Hay un fusilado que vive” (Operación Masacre)
Escritor, de Paula De Luque, se consagró hace pocas semanas como mejor película en la 40ª edición del Festival del Cinema Ibero-Latinoamericano de Trieste, un relato centrado en la figura de Rodolfo Walsh, que, con Operación Masacre, publicado en 1957, sentó las bases de lo que se llamó el Nuevo Periodismo.
El crimen político que significó la masacre de 12 civiles y militares en un basural de la localidad bonaerense de José León Suárez el 9 de junio de 1956 por las fuerzas de la llamada “Revolución Libertadora”, originó el texto fundacional de la No Ficción y es el objeto de la mirada de la cineasta, que afirma no entender “la ficción política, pero puedo decir que sí me interesa mucho el lado privado de los personajes públicos”.
Directora de películas como Juan y Eva, El vestido, Néstor Kirchner y Sarrasani, la historia de un circo, entre otras, autora de los libros Ficción y Los infiernos, directora del Festival Internacional de Cine de la Provincia de Buenos Aires (FICPBA) y responsable de Industrias Creativas y Cultura Digital del Instituto Cultural del Gobierno bonaerense, De Luque rescata la transformación de un hombre que ya tenía cierto reconocimiento, pero que a partir de Operación masacre se convirtió en un protagonista político de la época que le tocó vivir.
¿Qué quisiste contar con Escritor, qué es lo que te interesaba de la figura de Rodolfo Walsh?
Lo que más me interesó fue contar el periodo de transformación de Rodolfo Walsh, un escritor de cuentos policiales sin ningún compromiso con la política que allá por 1956 atravesaba un periodo sin inspiración, es más, estaba necesitando tener un gran libro que lo llevara a un lugar de mayor visibilidad. Es en ese momento que se producen los fusilamientos de José León Suárez y hay alguien que le dice que hay un fusilado vivo. Y eso le impacta, y lo toma como tema para escribir un libro. No termina escribiendo una novela, pero escribe la primera No Ficción de la historia, Operación Masacre, el gran libro del periodismo de la Argentina. Y subrayo que fue la primera, antes de A sangre fría, de Truman Capote. La Argentina completamente trágica de esos años sirve como telón de fondo de la transformación de un hombre y eso es lo que me interesó principalmente.
¿Cómo fue extrapolar al cine una historia que había nacido en la serie Las bellas almas de los verdugos?
Sí, primero fue una serie pero, bueno, no era lo que yo quería. Salió la posibilidad de hacerla y la hice, pero no era el corte que yo quería ni el tempo narrativo que tiene un film. Esta historia necesitaba un punch dramático más fuerte: le agregué cosas y quedó mucho más fuerte, un relato mucho más condensado, con escenas en blanco y negro para encontrar un pulso narrativo que me interesa mucho más.
¿Qué características viste en Diego Cremonesi para que se pusiera en la piel de Walsh y a Vera Spinetta como coprotagonista?
En principio y ante todo son dos grandes actores, Diego (Cremonesi) tiene la ductilidad de un primer plano increíble y, como la película trabaja mucho sobre la transformación de Walsh, Diego hace un gran trabajo. Y Vera Spinetta hace el personaje que en la vida real fue Enriqueta Muñiz, la que ayudó en la investigación y a quien en algunas ediciones Walsh le dedica Operación Masacre. Cuando leí esa dedicatoria me inspiró a que fuera un personaje relevante en la película y Vera me pareció ideal, porque es una actriz sólida y al mismo tiempo tiene una dulzura muy notoria y una expresividad interesante.
¿Si tuvieras que definir a la película, dirías que es una ficción política o el tema es la intimidad de Rodolfo Walsh?
A las películas una las hace y los demás las miran y, en principio, creo que cada quien encuentra en eso un reflejo de sí mismo, pero lo que yo quise hacer fue una ficción sobre un hombre y su transformación. No entiendo el género de ficción política, pero puedo decir que me interesa mucho el lado privado de los personajes públicos. Todo eso está en el detrás de escena y en el modo de contar la historia, no como un documental sino apoyada en hechos reales, aunque también con un poco de ficción. Porque un autor recorta y define qué va a contar y qué no, y eso también tiene algo ficcional. En un punto, todo es ficción.
En Trieste la película fue premiada y ovacionada. ¿Te sorprende que, más allá del reconocimiento por la realización, un personaje como Walsh convoque a públicos tan alejados de la Argentina?
El Festival de Trieste está muy familiarizado con el cine latinoamericano, entonces no es tan lejano, pero más allá de eso, la película está siendo convocada desde varios países y creo que es porque se trata de la historia de un hombre, la de un escritor y su relación con la tragedia, con la escritura, su involucramiento, su propia ficción que se le convierte en realidad. Por eso es universal.
¿Qué clase de desafío significa para vos dirigir el FICPBA y cuál creés que es la función de un festival de cine en la provincia de Buenos Aires?
En el festival, que se realiza desde el Instituto Cultural del Gobierno de la Provincia, mi tarea es el diseño y la dirección general. Se trata de un festival muy grande, que convoca alrededor de 200 títulos de entre 40 y 50 países. Este año tuvimos 230 películas y a eso se le suman actividades paralelas. Además, tenemos el Mia Buenos Aires, el mercado internacional audiovisual de Buenos Aires, que es muy importante para el desarrollo de la industria. El desafío es enorme porque hay muchos festivales de gestión independiente en la provincia y la identidad de este territorio se define por su diversidad; eso es lo que nosotros proyectamos en el festival. Es importante señalar que el FICPBA se inscribe en el marco de una cantidad de acciones para las industrias audiovisuales, como el mercado que mencioné o la Ley Audiovisual Bonaerense de fomento al cine que impulsó el gobernador y que se aprobó hace unos días.
¿Cuál es tu mirada sobre el momento que atraviesa el cine argentino, con la falta de apoyo del Estado nacional y un gobierno que se ocupa en demonizar a la cultura?
Es una situación muy tremenda porque desde el INCAA, que es el organismo que por ley está creado para para fomentar el cine nacional, no se está haciendo ninguna película. En los grandes países, ya sea que gobiernen derechas, izquierdas, centros, gobiernos populares o impopulares, el cine se sostiene porque es una industria que genera divisas, muchísimos puestos de trabajo y, sobre todo, construye identidad, que no es una palabra vacía sino que es poder mirarse al espejo y saber quién es uno. La estigmatización de un sector se utiliza para destruirlo con más facilidad, se busca un consenso a través de una explicación que dice que los artistas somos vagos y mantenidos, en un contexto en donde la gente la está pasando mal. La demonización de la cultura forma parte de un plan de desmantelamiento, no es inocente, no es impulsivo y tampoco es nuevo.
Sos directora, bailarina y acabás de publicar tu segunda novela, Los infiernos. ¿Qué lugar ocupa la literatura en tu imaginario?
La escritura era siempre una materia pendiente que me quedaba, así que cuando escribí Ficción, mi primera novela, me gustó y decidí seguir en ese camino.
Para mí es apasionante la escritura, es abrir un universo por donde se entra desde fantasía, la ficción, el pensamiento, la reflexión sobre el mundo y lo humano. Los infiernos es mi segunda novela y forma parte de una trilogía que se llama Trilogía del tiempo en espiral.

