GUSTAVO LÓPEZ, EDITOR INDEPENDIENTE

Desde Bahía Blanca, hace más de cuarenta años que Gustavo López lleva adelante una estoica editorial independiente que pone el foco en la poesía. En esta entrevista, profundiza en la trama que él mismo tejió de una manera autogestiva y con expansión a toda la provincia. Un proyecto colectivo que incluye 320 títulos, en un arco que va de Washington Cucurto a Viggo Mortensen.

Gustavo López nació en Bahía Blanca y desde 1982 trabaja como editor independiente en los proyectos Senda y Vox/Lux (arte + literatura). Ha obtenido becas para formarse en gestión cultural, disciplina en la que desarrolla proyectos de formación en distintas ciudades de Argentina y otros países. Es pintor, curador y jurado de arte contemporáneo.

En el campo editorial se destacó por difundir la escena poética de los 90 a través de la edición, pero también de fomentar los encuentros, ciclos, festivales y recitales para la circulación. 

-¿Cómo nace Vox/Lux y la idea de motorizar la circulación de la poesía? 

-El proyecto Vox, de gestión y edición, empieza en 1993. Primero con la creación de la revista objeto “Vox”, que es una continuidad de la revista “Senda” que fue también una editorial y grupo de gestión cultural con el que trabajamos en nuestra ciudad y la región entre el año 1981 y 1992. En esta nueva etapa se suma Mirta Colángelo, que dio aportes centrales en la creación y el concepto de la publicación. Desde este comienzo dimos bastante atención al diseño y los materiales, aspecto que se potenció con la llegada de Carlos Mux al proyecto.

Al poco tiempo empezamos a editar libros, alentados por el clima del momento, tanto en Bahía Blanca como en otras ciudades. Fue muy importante el vínculo con el “Diario de Poesía”, sobre todo con Daniel García Helder, con quien entablamos una amistad. Además de la cercanía afectiva, con él ocurrió un fluir de ideas y de pensamientos sobre la edición. Fue un gran impulsor. Lo que produjo con “Diario de Poesía” fue impresionante para el momento, destapó y generó una gran cantidad de poéticas, autores solapados y textos de poetas jóvenes. Con esa premisa empezamos el sello VOX, que estaba dedicado justamente a editar a todo ese grupo de poetas jóvenes e inéditos. Si rastreas el catálogo de VOX vas a ver que está dedicado ampliamente a primeros libros. 

¿Cómo fue editar en los años 90?

Fue como cazar en el zoológico, porque había muchos poetas buenos. Editamos los primeros libros de Alejandro Rubio, Santiago Lach, Roberta Iannamico, Sergio Raimondi, Lucía Bianco, Gabriela Begerman, Omar Chauvier, Martín Gambarotta Laura Forchetti, Mario Ortíz, etc.  Mas tarde a Cucurto, Fabián Casas, Pedro Mairal, Mario Arteca, Damian Ríos. Fue un momento en que emergía mucha poesía de calidad. Hoy lo nombramos como “los 90”, aunque su mayor caudal se produce entrados los 2000. Lo sentí como un trabajo más bien colectivo, entre poquitos sellos pero que tenían una gran atención a lo que se estaba escribiendo. Pienso en Siesta, ediciones del Diego y Gog & Magog. Belleza y Felicidad, Eloisa Cartonera y Tierra Firme. Mangieri es sin duda el editor que nos ilumina, que nos acompaña y que nos precede también.

En Bahía junto a la Universidad del Sur y la Fundación Antorchas tuvimos la suerte de armar unas becas para poetas de Bahía Blanca y de otras ciudades, y se empezaron a organizar encuentros, ciclos, recitales, fue un trabajo de muchos años. Las becas consistían en clínicas de poesía coordinadas por Arturo Carrera, Daniel Link, Delfina Muschietti, Daniel Helder, Héctor Libertella, Alan Pauls y después también vinieron poetas como Leónidas Lamborghini, Juana Bignozzi, Marosa Di Giorgio, Arnaldo Calveyra.

Editar en los 90 era como una fiesta. Con sus dificultades, porque no existía la escena poética que hay ahora, las librerías no se interesaban por la poesía. Internet y sus dispositivos ayudaron mucho a la difusión del proyecto y a conocer y vincular. Junto a Seba Morfes y varios poetas hicimos Vox Virtual, una revista digital y una agenda de rosquetas culturales: Voxinas.  También en esos primeros años 90 programamos mucha actividad con el Museo de Arte Contemporáneo coordinado por Andrés Duprat. Ahí empezamos los primeros recitales de poesía y a generar acercamientos con la escena desperdigada. 

 

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Juan L. dice que no ve el paisaje sino lo que trasciende ¿crees que existe una poesía bonaerense?

Seguramente existe una poesía bonaerense. Lo que no creo es que tenga un rasgo definitivo, sino que hay una enorme diversidad que le otorga vitalidad al campo literario de la provincia y del país también. Un gran espesor donde conviven muchas tendencias, muchas mezclas, de estilos, de formas, de manera de mirar la experiencia y transmitirla, de formas de incurrir y relacionarse con la tradición, también con otras prácticas culturales.  A veces decir que hay una poesía bonaerense suena hasta medio pretencioso viendo la universalidad y la dimensión gigantesca que tiene la poesía y la tradición. Pero sí hay un estilo, una manera que por momentos domina más, por momentos menos.  Hay poetas con proyectos copados en todas las ciudades, en el norte, en el sur de la provincia, en la costa, en La Plata, en el conurbano… Una cantidad de referencias poéticas riquísimas. Se ha gestado este enorme ecosistema poético, con editoriales, ciclos, festivales, revistas críticas, revistas de difusión, recitales, ciclos de poesía, talleres, eventos.

La poesía se ha desplegado y, a pesar de ser una práctica inservible y minúscula, prolifera con toda su potencia. Creo que hay un desarrollo, un crecimiento de la práctica poética, argentina, bonaerense, que hizo contacto rápidamente con los lectores y lo hizo crecer. En los 90 casi no había lectores de poesía... ¡los lectores de poesía eran los mismos poetas! A los recitales iba la familia y nada más. Poco a poco cambió, con el trabajo de proyectos emergentes y de universidades… Por ejemplo en Mar del Plata el trabajo que hicieron Ana Porrúa, Matías Moscardi, Flavia Garione, se centró en ver qué estaba pasando en ese momento álgido de la producción, intenso, y empezaron a dar testimonios, críticas y teorías. La Plata es una ciudad llenísima de poetas y también Azul, Olavarría, Pergamino, Punta Alta, Zárate. Siempre aparecen poetas geniales, conectados entre sí. Con un grupo de artistas hacemos un encuentro de poesía en Monte Hermoso, el Festival Estival. Es un festival pequeño y más hacia adentro, hacia las personas que vienen y participan. No tiene el formato de los festivales mayoritarios, sino un lugar de encuentro para conectar con la poesía. Tiene que ver con la intimidad, la amistad, la confianza que da a veces estar en un lugar alejado, reflexionando, pensando, compartiendo prácticas poéticas. Hay algo poderoso en la poesía que la hace hoy tan viva, tan necesaria, tan importante, una práctica que ha crecido y se ha desarrollado de manera geométrica con el paso de los años.

Desde la antigüedad el poeta cumple una función, de transmitir, de profetizar, de transferir una cosmovisión del mundo.  ¿Creés que hoy el poeta tiene una función histórica/social?

Siempre la poesía rescata algo de la época. En toda época es posible consultar a los poetas y ver cuál es el panorama que esa mente tenía sobre el momento histórico. Sí, yo creo que la poesía tiene un don profético o un don de imprimirle al lenguaje

a la lengua, una impronta que la hace atendible, visible. Parece que nos otorgará algo que es verdadero; si no es verdadero no puede estar en un buen poema. Tengo esos pensamientos extraviados y dudosos, que es algo de lo que también me hace la poesía, dudar de mí. Un buen poema a veces me corre de lo que conozco, me lleva a un territorio donde la experiencia del otro me hace recalcular la mía y construir un nuevo ámbito y llevarlo después a las palabras. 

A veces un buen verso me sirve para todo el mes. Hay tantos poetas buenos en nuestra provincia que hablan sobre nuestra existencia que es imposible decir que no es una marca de la época.

¿Cómo definirías la poesía de hoy?

¡Definirla nunca! (Risas). Pero la percibo como ecléctica, diversa, intensa. Cada poeta genera su propia poética y su propia laminita vibratoria sobre lo que puede ser la poesía. Mi interés está en la experiencia poética, el choque entre el texto y el lector. Cuando sucede ese contacto algo imperceptible se modifica. Y creo que siempre y de algún modo la poesía es una herramienta imprescindible para explicar la época.

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De Ianamico a Mortensen, ¿cuál es el criterio de edición?

Hemos ido cambiando la lógica. La primera etapa que fue de 1993 al 2015 estuvo dedicada a primeros libros de poesía argentina, latinoamericana, y a algunas traducciones. En 2015 nos dimos cuenta que teníamos que dar un cierre,  porque no era fácil mantener ese catálogo. Fueron 215 títulos que publicamos,  todos están vivos, digamos vigentes. Seguimos reeditándolos, llevándolos a las librerías, a los festivales, haciendo que el libro siga vivo, que no se discontinúe. Vox va reeditando. 

Carlos Mux es mi compañero y socio, que le da sostén a lo que vengo charlando. No sólo en el diseño sino que asume un montón de responsabilidades administrativas de acompañamiento, de diseño, en la imprenta, de compra de papeles, de orden. Si bien es proyecto colectivo, porque están desde los ilustradores, los correctores, la gente que siempre está ayudando a una presentación o dando un consejo o haciendo una crítica o escribiendo una contratapa. Es un trabajo diario, de horas, de días, de dedicación, de fines de semana, de pensar cuando vas camino al trabajo…

En el 2015 cerramos esos 215 títulos y ahora solo reeditamos libros de ese catálogo. Y abrimos Lux, donde empezamos a publicar narrativa, poetas o autores que nos interesan, como vos nombrabas el caso de Viggo Mortensen, que es un artista increíble. No hace falta que lo describa, pero dentro del campo de la literatura es un artista, un autor que según mi criterio es muy argentino. Viggo tiene una voz que, si bien muestra algunos vicios de su uso del inglés y de otros idiomas, siempre aparece un espíritu argentino expresándose. Él vivió unos años de su infancia en Buenos Aires y eso cuando se pone a escribir en castellano aparece con una fuerza impresionante. También dentro de Lux habilitamos una colección que hacemos con los amigos de la revista Grumo, que es un proyecto dedicado a poesía brasileña contemporánea traducida al argentino, editada por argentinos que trabajan bien con el portugués brasileño. Ya llevamos varios títulos y la idea es generar un vínculo con la escena de la poesía brasilera, con traducciones a cargo de Paloma Vidal y Mario Cámara.

Luego de tantos años de este oficio y habiendo pasado tantas crisis, ¿cuál es el secreto de la persistencia?

Son como 45 años. No sé, son proyectos al servicio de la vibración del arte, del conocimiento que nos da la experiencia de dejarnos irradiar, dejarnos atravesar, como leí hace poco en un poema, y eso es un gran incentivo para continuar. Hay como un amor, hay un amor al papel, a la edición, al diseño. Son momentos muy felices también los que la poesía nos paga. Es pura felicidad. En mi caso me ha dado mis amigos, empezando por Carlos, que es mi socio. Somos una familia, estamos hermanados por ese trabajo dentro de la editorial y el proyecto de gestión. Es una alegría haber publicado libros que amamos, autores que admiramos. Y sí, está el amor metido ahí, está el amor con fuerza, el amor a nuestras palabras, a la creación de sentidos, de significados. Hay algo ahí como de hincha de fútbol, ¿viste? Ser hincha de la poesía.