CINE

Durante el período 1976-1983, el cine argentino sufrió censura, listas negras, persecuciones y crímenes, pero también generó anticuerpos: películas de denuncia y resistencia realizadas en la clandestinidad. Durante el medio siglo transcurrido desde el 24 de marzo del 76, los films vinculados con la dictadura cívico-militar han despertado un gran interés y se han transformado en un potente antídoto contra el olvido.

Por Hugo F. Sánchez | Imágenes: Archivo

A 50 años del golpe que instauró la dictadura más sangrienta de la historia argentina, la memoria sobre los años de plomo encontró en el cine una herramienta implacable, con cientos de producciones con diferentes miradas para reflejar el horror: desde La historia oficial, de Luis Puenzo, hasta el presente con el documental Traslados, de Nicolás Gil Lavedra. 

Protagonizada por Norma Aleandro y Héctor Alterio, con el relato sobre una mujer que sospecha que su hija adoptiva es una niña robada a una pareja de desaparecidos, La historia oficial ganó el Oscar a la Mejor Película Extranjera en 1986, mientras que el documental Traslados (2024), que aborda los llamados “vuelos de la muerte “, en los que militares arrojaban a los prisioneros desde aviones al Río de la Plata, acaba de ser subida a Prime Video y se convirtió en documental más visto en América Latina dentro de la plataforma. Un ejemplo que demuestra el interés que sigue generando la trágica historia reciente de la Argentina, bien lejos de la banalización que se intenta instalar desde el poder sobre lo que significó la dictadura. 

Argentina es un país de contrastes fuertes y escenarios excepcionales. El juicio a las juntas militares, en 1985, fue visto como una singularidad en el resto del mundo. Se le sumó otra: la inusitada cantidad de películas que abordaron el período comprendido entre 1976 y 1983 desde diferentes miradas, géneros y perspectivas, sin dejar de lado los films a favor del régimen. Esta disposición de muchos realizadores y realizadoras a indagar en la etapa más oscura de la historia argentina vino acompañada por la renovación del cine nacional, a través de un movimiento bautizado como Nuevo Cine Argentino (NCA); una manera distinta de contar que incursionó además en nuevas formas de producción que permitieron bajar los costos y, por eso mismo, indagar de manera ágil y rápida distintos aspectos de la tragedia que significó la dictadura para el país. 

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La dinámica y el tema como generador de numerosos proyectos cinematográficos es comprobable en La dictadura en el cine, catálogo de películas sobre la última dictadura, el terrorismo de Estado y la transición democrática en la Argentina (www.memoriaabierta.org.ar/ladictaduraenelcine/), un formidable relevamiento realizado con el trabajo conjunto de diferentes organizaciones de derechos humanos agrupadas en Memoria Abierta. En el sitio hay relevados nada menos que 606 documentales y películas de ficción realizadas entre 1976 y el 2019, centradas en la dictadura, un registro extraordinario que permite acortar exploraciones a partir de categorías como: Argentina 78, Artistas, Persecución y Censura, Exilios, Guerra de Malvinas, Lugares de Represión, A Favor del Régimen o Niños y Niñas Robad@s, entre las 25 entradas dispuestas en el catálogo online. 

Por supuesto, en cinco décadas la Argentina atravesó diferentes climas que incluyeron numerosas tormentas políticas, pero en el caso de la dictadura el cine se mostró interesado de inmediato. Ya en 1976, el año del golpe, se estrenaba Crecer de golpe, de Sergio Renán, que reflejaba el clima de época asfixiante y, en contraposición, también llegaba a la cartelera nacional Dos locos en el aire, una de las varias producciones de esos años a favor del régimen militar dirigidas por Ramón "Palito" Ortega. Hubo películas prohibidas o mutiladas, por escenas o secuencias consideradas “subversivas” o “contrarias a la moral occidental y cristiana”. Artistas perseguidos que debieron marchar al exilio o que fueron desaparecidos, como, por ejemplo, Raymndo Gleyzer, secuestrado el 27 de mayo de 1976.   

La tensión entre las películas del régimen y las que reflejaban realmente sus atrocidades se mantuvo durante los casi ocho años de la dictadura, cuando los films críticos se hacían en la clandestinidad, al tiempo que desde el Estado se impulsaba un cine chato y pasatista.  Así, películas realizadas en el exilio y que solo pudieron verse en su momento de manera clandestina, como Las AAA son las tres armas (Jorge Denti), Resistir (Jorge Cedrón), Persistir es vencer (de Raimundo Gleyzer y Esta voz entre muchas (Humberto Ríos), se sumaron a otros estrenos de final de la dictadura como Tiempo de revancha (Adolfo Aristarain), Plata dulce (Fernando Ayala) y No habrá más penas ni olvido (Héctor Olivera). A la vez, confrontaban con otros títulos que no ocultaban su simpatía por el gobierno y por eso llegaban a los cines como parte de la distribución normal, como La fiesta de todos (Sergio Renán, un realizador con opiniones flexibles), La aventura de los asesinos de paraguas (Carlos Galettini), Comandos azules (Emilio Vieyra) y Superagentes y titanes (Mario Sabato), entre otras. 

Por supuesto, hubo autocensura y censura también de muchísimo cine extranjero. Hasta que a partir de 1983 se extinguieron las películas que glorificaban al régimen militar -al menos de manera explícita- y fue el turno de las que se ocuparon de la memoria colectiva. Más allá de la inevitable arbitrariedad de cualquier lista (ver “20 películas ineludibles sobre la dictadura”), son muchos los relatos valiosos sobre esa época. En ese sentido, existe un amplísimo abanico de aspectos abordados por el cine nacional del "Proceso de Reorganización Nacional", la autodenominación que encontraron las juntas militares que gobernaron entre 1976-1983. 

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Solo para repasar algunas temáticas, hay que mencionar En retirada (Juan Carlos Desanzo), sobre un represor en estado de mano de obra desocupada; Garage Olimpo (Marco Bechis), sobre la tortura en un centro clandestino de detención; Botín de guerra (David Blaustein), centrada en la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo para recuperar a sus nietos apropiados; la búsqueda de la identidad en Hijos (Marco Bechis); y la tragedia de la Guerra de Malvinas en Iluminados por el fuego (Tristán Bauer). Y también La mirada invisible (Diego Lerman) y su mirada sobre el clima opresivo de la época a través de la vida estudiantel en el Colegio Nacional Buenos Aires; la dificultosa reconstrucción de la ausencia de su padre que hace Andrés Habegger en El (im)posible olvido, o Se va a acabar (Andrés Cedrón y David Blaustein), que recoge los testimonios silenciados de trabajadoras y trabajadores que participaron en distintos conflictos sindicales durante la última dictadura cívico-militar. 

20 películas ineludibles sobre la dictadura: 

 Los chicos de la guerra (1984), de Bebe Kamin 

La historia oficial (1985), de Luis Puenzo 

El exilio de Gardel (1985), de Fernando Pino Solanas 

La noche de los lápices (1986), de Héctor Olivera 

Juan, como si nada hubiera sucedido (1987), de Carlos Echeverría 

Un muro de silencio (1993), de Lita Stantic 

Garaje Olimpo (1999), de Marco Bechis 

“Kamchatka” (2002), de Marcelo Piñeyro 

Los rubios (2003), de Albertina Carri (Lumiton) 

Crónica de una fuga (2005), de Adrián Caetano 

Infancia clandestina (2012), de Benjamín Ávila 

Calles de la memoria (2012), de Carmen Guarini 

La larga noche de Francisco Sanctis (2016), de Francisco Márquez y Andrea Testa 

Operación México, un pacto de amor (2016), de Leonardo Bechini 

Sinfonía para Ana (2017), de Ernesto Ardito y Virna Molina 

Rojo (2018), de Benjamín Naishtat 

Argentina, 1985 (2022), de Santiago Mitre 

El juicio (2023), de Ulises de la Orden 

Traslados (2024), de Nicolás Gil Lavedra 

López: El hombre que desapareció dos veces (2025), de Jorge Leandro Colás 

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