EMI, DE ERRIQUEZ MENA
Por Hugo F. Sánchez | Imágenes: Prensa
Durante décadas el conurbano fue ignorado por las películas nacionales hasta que, con el final del siglo pasado, la ausencia se subsanó al menos parcialmente con la aparición del llamado Nuevo Cine Argentino, período en donde muchos realizadores tomaron ese amplio territorio como marco para contar diversas marginalidades. Y en el presente, la aparición de una película como Emi, que acaba de estrenarse tras haber obtenido el Premio Cóndor a la Mejor Película de la Competencia Oficial Argentina en el último Bafici, permite vislumbrar otra etapa, en la que ese espacio rico en diversidades y reacio a las definiciones también puede ser el lugar en donde se desarrollen historias íntimas.
Benicio Mutti Spinetta es Emi, un pibe común del conurbano, de novio con otro chico, apasionado por las motos pero con una pregunta larvada en su interior sobre su identidad, un interrogante que no encuentra respuesta aun cuando interroga tenazmente a Mariana (Mara Bestelli) y Darío (Luis Ziembrowski), sus amorosos padres adoptivos.
“La escritura de la película surgió hace varios años, a partir de estar muy cerca de realidades vinculadas a la adopción. En ese momento empecé a reflexionar acerca de los laberintos de la identidad, pensé en qué preguntas se haría un adolescente que fue adoptado en esa instancia de su vida que es el pasaje a la adultez”, cuenta a Pampa Ezequiel Erriquez Mena, director de Emi.
“Me interesaba indagar en aquellos huecos, vacíos que tenemos en nuestras historias familiares, aquellas piezas inexistentes o difusas que todos tenemos, porque pasa el tiempo, porque los relatos son siempre fragmentados, parciales y los recuerdos también se entremezclan con la imaginación y la ficción -continúa-, imaginaba un rompecabezas que no se pudiera rearmar nunca y quería que todos los personajes de la película pudieran ser parte de la misma familia, aunque no lo fueran”.
Del Oeste bonaerense, más precisamente Haedo, en su cuarto largometraje -luego de La crecida (2023), Caballo negro (2022) y A la cantábrica (2012)-, más allá de que Erriquez Mena rodó en Caseros, Santos Lugares y también en Lugano, la película no termina de ubicarse en detalle en una zona sino que establece la narración a partir del movimiento del protagonista, que con sus pequeños desplazamientos en moto por territorios suburbanos, representan el necesario y muchas veces doloroso camino que va recorriendo el chico hacia una posible revelación sobre su origen. Además, el relato suma lirismo en esos viajes que están acompañados por los bellos temas de Luciano Supervielle, que en sí constituyen momentos que transmiten una ingrávida libertad para el personaje.
En ese sentido Mena detalla que “los viajes que hace Emi en moto por esos laberintos de autopistas de alguna forma se relacionan con su viaje y con su transformación y lo que quería era contar los barrios que se fueron transformando con la llegada de las autopistas. De alguna forma, sentía que eran como heridas en el entramado urbano que casi siempre separaban un espacio del otro”.
La historia, en la que el núcleo se establece rápidamente, también reserva un espacio para los dobleces, el atisbo de otra épocas más justas y dinámicas en cuanto a lo social. El cineasta detalla: “Me interesaba contar la clase media Argentina, que frente a los vaivenes de las crisis algunos subieron y otros cayeron o al menos tropezaron, pero que todos podrían ser parte de un mismo mapa familiar. Quería una aproximación muy cercana, casi documental, y acercarme a personajes que se equivocan y que hacen lo que pueden, sobre todo Emi”.
Claro, la sensibilidad de un relato con aciertos, como la falta de señalamientos excesivos y sobre todo la confianza de la puesta en su protagonista, un Benicio Mutti Spinetta capaz de desplegar un abanico de recursos interpretativos sorprendente para un actor tan joven, un talento que traspasa la pantalla con esa mezcla de vulnerabilidad, determinación y expectativa sobre el futuro de un personaje con cosas por resolver para, ahí sí, empezar a transitar su propio camino.
“Cuando conocí a Benicio (Mutti Spinetta) sentí que era Emi, había algo de su experiencia personal de una búsqueda silenciosa y de situaciones que si bien eran muy distintas a las del personaje, había algo dislocado, algo que hacía sentido con Emi”, señala el realizador.
“Y también de inmediato noté que tenía totalmente incorporada la relación con la cámara, con una gran facilidad para explorar el personaje, improvisar partiendo de lo que yo había escrito y también –agrega-, de la afinidad con Mara Bestelli, Luis Ziembrowski, Sofía Palomino y el resto del elenco, eso fue fundamental”.
Con influencias diversas, que van desde el cine de Adrián Caetano hasta la obra del rumano Cristi Puiu (y el film La terraza de Leopoldo Torre Nilsson como el comienzo de todo, como le confiesa a Pampa), Ezequiel Erriquez Mena no es ajeno a que Emi trata sobre la identidad, una problemática que en la Argentina tiene contiene una connotación especial a partir de la apropiación de bebés durante la dictadura.
“No estuvo presente de una forma consciente, pero hoy viendo la película con cierta distancia puedo identificar esos elementos que tienen que ver con nuestra identidad nacional -reflexiona-, nunca pensé en escribir acerca de los desaparecidos de la dictadura, pero es evidente que está en mi inconsciente y también en el aire”, concluye.
Proyecciones
Espacio INCAA Cine Teatro Italiano - Chacabuco, Bs As
Espacio INCAA Cine Avenida - Bolívar, Bs As
Espacio INCAA Barrio Alegre - Trenque Lauquen, Bs As
Cine Arte Cacodelphia (sábados de mayo)
Espacio INCAA Cine Teatro Victoria - Victoria, Entre Ríos
Espacio INCAA Cine Municipal - Zapala, Neuquén
Espacio INCAA Lorenzo Kelly - Cipolletti, Río Negro
Espacio INCAA Sala José Fernández - Caleta Olivia, Santa Cruz

