DEPORTES
Por Mariano Hamilton | Imágenes: Archivo
César Luis Menotti llegó a la conducción de la Selección Nacional en octubre de 1974 durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón y bajo la presidencia en la AFA de David Bracuto, un médico de la UOM y ex presidente de Huracán cuando Menotti saltó a la consideración con los equipos de 1972 y 1973.
Bracuto había llegado a la presidencia de la AFA gracias a la rosca que había armado con Paulino Niembro (sindicalista también de la UOM y padre de Fernando). Entre ambos terminaron con una serie de intervenciones de los militares en la AFA.
Cuando sucedió el golpe, Menotti se encontraba de gira con la Selección por Polonia. Una vez enterados de lo que pasaba en la Argentina, el presidente de la delegación, Pedro Orgambide, se comunicó con Buenos Aires para tener noticias, pero no obtuvo demasiadas respuestas. Fue ahí cuando se acercó al relator José María Muñoz, quien lo tranquilizó con una frase que quedó para la historia, habida cuenta de la matanza que se desató a partir de ese momento: “No hay desgracias personales, ni derramamiento de sangre”, le dijo Muñoz imperturbable.
A las dos de la madrugada del 24 de marzo, los militares habían tomado los canales y las radios estatales, es decir todos los medios de comunicación que estaba disponibles en el aire. A esa hora se leyó el primer comunicado que decía que el Estado Mayor del Ejército había derrocado a María Estrela Martínez de Perón, que se decretaba el Estado de sitio y que todos se quedaran en sus casas tranquilos. De ahí en más, en las pantallas de TV quedaba una placa y se escuchaba música clásica, que solo se interrumpía con la difusión de los comunicados. El número 18, por ejemplo, decía que se prohibía hablar mal del nuevo gobierno. A las 10.30 se transmitió la asunción de Videla y se informó que la actividad de los partidos políticos y sindicatos quedaban suspendidas hasta nuevo aviso. Ese nuevo aviso se demoró más de seis años en llegar…
El periodista Ezequiel Fernández Moores escribió en varias notas el estado de situación en la delegación nacional. Una de ellas narra: “Mario Kempes se largó a llorar apenas se enteró del Golpe. Su llanto alertó a varios de sus compañeros. Orgambide recibió una comunicación telefónica desde Buenos Aires informándole que la Selección debía cumplir ese día con su partido y seguir con el resto de la gira. Algunos jugadores, como Héctor Scotta y el propio Kempes, dijeron que querían volver a la Argentina. Se hizo una reunión y la mayoría decidió que había que seguir adelante.”
Para sorpresa de todos, cerca del mediodía se escuchó el comunicado número 23 que decía: “Queda exceptuada de la transmisión por Cadena Nacional la propalación programada para el día de la fecha del partido de fútbol que sostendrán las selecciones de la Argentina y Polonia”. Y así la mayoría de los argentinos que estaban en sus casas pudieron ver el partido con relatos de Fernando Niembro, quien había recibido instrucciones precisas de Enrique Macaya Márquez: “Vos sólo decí los nombres de los jugadores”.
El partido fue emitido en cadena nacional a las 13.30 y terminó 2 a 1, con goles de Scotta y Houseman. Fue el único de la historia trasmitido por todos los canales y radios del país. En la tele, se escuchaba la voz de Niembro y en la radio la de Muñoz. En el Mundial del 78, la final también fue transmitida por todos los canales y radios, pero la diferencia era que cada emisora tenía sus propios relatores y comentaristas. En aquel partido del 24 de marzo, solo se escuchaban las voces de Niembro y Muñoz.
Argentina formó ese día con: Hugo Gatti; Jorge Carrascosa, Jorge Olguín, Daniel Killer y Alberto Tarantini; Marcelo Trobbiani, Américo Gallego y Ricardo Bochini; Héctor Scotta, Leopoldo Luque y Mario Kempes. En el segundo tiempo, René Houseman reemplazó al Gringo Scotta.
La Selección, en medio de esa conmoción, salió a competir y venció. El partido se jugó en Chorzow, una ciudad industrial de 150 mil personas del sur de Polonia, y le sirvió a la Junta Militar para decir que ese día, 24 de marzo de 1976, todo seguía funcionando normalmente en la Argentina
Con el paso de los días y con la dictadura dominando el país, Bracuto trató de resistir en su sillón los embates de los dictadores, pero poco pudo hacer cuando a fines de ese mes embargaron todas las cuentas de la AFA y se quedó sin el respaldo de sus pares de Comisión Directiva (encabezados por Alberto J. Armando, por entonces presidente de Boca), que giraron sus cabezas hacia el doctor Alfredo Cantilo, hombre de Vélez y del almirante Alberto Lacoste.
Un joven Julio Grondona, presidente de Independiente, asumió como secretario de Hacienda de la AFA, un puesto sensible, que manejaba los movimientos financieros que se hacían para organizar el Mundial ‘78. O sea: administraba la plata que llegaba desde la dictadura.
Menotti, los jugadores y los dirigentes quedaron en medio de ese tembladeral sin entender demasiado qué era lo que estaba pasando en el país. La distancia y la precariedad de las comunicaciones hacían imposible tener una verdadera dimensión de los acontecimientos. Era 1976, algo bastante parecido a la prehistoria de las comunicaciones, si nos atenemos a los parámetros actuales.
Después de aquel partido contra Polonia, el 27 de marzo Argentina perdió 2-0 en Budapest contra Hungría. El golpe había calado duro en el ánimo del equipo, que poco pudo hacer en ese partido. Tres días después, Menotti y la Selección regresaban al país con el plan de enterarse mejor de lo que estaba pasando.
El 31 de marzo Bracuto renunció acosado financieramente por la Junta; y durante un mes la AFA quedó bajo la administración de su gerente, Ernesto Alfredo Wiedrich. El 4 de abril, Argentina le ganó 4-1 a Uruguay por la Copa Lipton, y el 28 del mismo mes igualó 2-2 con Paraguay, por la Copa Bogado. El 3 de mayo, después de muchos cabildeos, se designó a Cantilo presidente de la AFA.
Mientras tanto, la Selección seguía su preparación. Y en los pasillos de la AFA se decidía qué hacer con Menotti y con el equipo que, como ya se había resuelto, sería la carta de presentación de la Junta en el Mundial que se habría de jugar dos años después.
Cantilo estuvo a favor de mantener a Menotti en el cargo. El dictador Massera, hombre fuerte en la organización de gobierno en el fútbol, lo aprobó. Y Menotti siguió adelante…
Lo que pasó de ahí en más es otra historia. La que se contará en el momento oportuno.

