CTA, DEL RAP A LA CANCIÓN

De City Bell, con 21 años CTA comenzó haciendo freestyle y hoy se encamina hacia una visión más ampla de la música. Trajina el under platense y apuesta a la solidez de una carrera a mediano plazo.

Por Gilda Fantin | Imágenes: Melina Alter

Entre la Catedral, el freestyle y la familia, CTA transforma experiencias cotidianas en canciones que buscan algo más que sonar: buscan sentirse.

La Plata tiene algo particular: sus veredas guardan historias que pasan rápido, pero algunas se detienen lo suficiente como para ser escuchadas. Frente a la Catedral, con el ruido de colectivos, turistas sacando fotos y jóvenes cruzando la plaza, aparece CTA, artista de 21 años, oriundo de City Bell, que viene construyendo su camino dentro del under platense con una identidad propia.

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No hay escenario ni luces, pero sí una charla que funciona como retrato. CTA empezó temprano. A los once años, un amigo le mostró batallas de freestyle de Rouse y ese fue el primer impacto. “Ahí conocí el freestyle y me enganché con el rap”, recuerda. No fue solo rimar: fue encontrar un lugar dentro de una cultura que mezcla calle, expresión y pertenencia.

Con el tiempo, esa curiosidad se volvió trabajo. Hoy CTA no se define como alguien que “hace música”, sino como músico. “Este último año laburamos para darle identidad al proyecto, para que no sea solo un pibe que sube temas, sino un artista con una idea clara”, explica. En una escena saturada de lanzamientos, su apuesta es construir proceso.

En sus letras aparece siempre algo íntimo. No hay personajes ajenos: hay biografía. “Mi familia está muy presente en mis canciones”, dice. La música, para él, nace del vínculo con lo cotidiano: lo que se vive, lo que duele, lo que sostiene.

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Ser artista emergente platense implica también enfrentar silencios. “Lo más difícil es el apoyo. A veces está, a veces no, y tenés que aprender a seguir igual”. No habla solo del público, sino del entorno más cercano, de quienes no siempre entienden que el arte también es trabajo.

Cuando compone no piensa en dar mensajes cerrados. Piensa en cercanía. “La estética musical de mi proyecto es fresca y auténtica. Busco que te pongas en mis zapatos cuando escribo y que te sientas como yo me siento”, explica. Que quien escucha pueda verse reflejado aunque su historia sea distinta. La música funciona como puente emocional.

El clic llegó a los quince años. Ahí entendió que el freestyle era una etapa y que la música podía ser algo más serio. “Quería dedicarme a esto como un trabajo”, cuenta. Hoy, aunque tiene otras responsabilidades, la cabeza está puesta ahí. “Todo el día estoy pensando en proyectos, ideas, cosas nuevas”. Esa constancia es la base de su crecimiento.

CTA no romantiza el futuro: lo planifica. Su meta no es la fama inmediata, sino superarse. “Este es mi piso, ahora hay que crecer”. Y si imagina un escenario, lo hace con identidad local: tocar en el cumpleaños de La Plata, en una plaza, frente a la Catedral que hoy sirve de fondo para esta charla.

También hay humor en su manera de pensarse artista. Dice que hay que escucharlo porque no es uno más, porque ama la música y —entre risas— porque es “relindo”. Detrás del chiste hay algo serio: un artista no solo suena, también construye presencia.

Para quienes quieran empezar a conocerlo recomienda “No quiero volver”, su último lanzamiento. “Es un reflejo de todo lo que aprendí durante el 2025”. La canción condensa proceso, errores y maduración.

CTA forma parte de una generación platense que no espera permiso. Graba, escribe, se equivoca y vuelve a intentar. Desde City Bell hacia cualquier escenario posible, su proyecto no busca copiar tendencias, sino construir una voz propia que tenga algo para decir.

En tiempos donde todo pasa rápido, CTA elige algo más difícil: quedarse, trabajar y crecer desde su ciudad.