HOSPITAL BRITÁNICO

Desde el 22 hasta el 24 de octubre se exhibirá el documental “Hospital Británico” en el Cine Municipal Select de La Plata. La película de Gloria Peirano y Gustavo Fontán, que hablarán con los espectaroes tras la función del sábado, es un hermoso ensayo poético que dialoga con la obra homónima de Héctor Viel Temperley, uno de los mejores poetas argentinos, inclasificable

Por Miguel Frías | Imágenes: Prensa

“Pabellón Rosetto, larga esquina de verano, armadura de mariposa: mi madre vino al cielo a visitarme.

Tengo la cabeza vendada. Permanezco en el pecho de la Luz horas y horas. Soy feliz. Me han sacado del mundo.

Mi madre es la risa, la libertad, el verano.

A veinte cuadras de aquí yace muriéndose.

Aquí besa mi paz, ve a su hijo cambiado, se prepara -en tu Llanto- para comenzar todo de nuevo”

 

Así empezó Héctor Viel Temperley, uno de los mejores y más anómalos poetas argentinos, entre el surrealismo, la heterodoxia y el misticismo tardío, su último libro, Hospital Británico. Mayo de 1986. Estaba internado bajo tratamiento con radioterapia por un tumor cerebral. Pero su mente se libraba, a través de la poesía, la imaginación, los recuerdos, de las cargas del cuerpo. Autor de nueve libros de poesía, moriría al año siguiente, el 26 de junio de 1987. La última frase de Hospital Británico iba a ser: “El verano en que resucitemos tendrá un molino cerca de un chorro blanquísimo sepultado en la vena”. Poco antes, en la única entrevista que concedió, le había dicho al escritor Sergio Bizzio: “Hospital Británico es el libro de un trepanado. El que escribió ese poema no existe más. No sabía que iban a darme rayos. Salí volando con la cabeza abierta: iba a escribir. Se me ocurrió la solución de las esquirlas, lo ordené. Escribí lo que habla de la muerte de mamá. Y el resto en el estado de un tipo que se había salido de la realidad porque tenía un huevo en la cabeza. Después sí, después tienen que darme rayos, ¿Quién carajo armó todo eso? No tengo la menor idea”.

Foto 2

Aquella obra breve, bella e inasible, se convirtió ahora en una película de Gloria Peirano y Gustavo Fontán estrenada en el FID Marseille (Francia) y exhibida durante siete funciones en la Sala Lugones del Teatro San Martín. El jueves 22 de octubre a las 18.30 llega al Cine Municipal Select de La Plata. Las siguientes funciones serán el 23, 24 (con las presencia de la dupla de realizadores) y 25 de octubre, en la misma sala, con entradas a precio popular: 5 mil pesos. “Es un honor que Hospital Británico llegue al Select, un cine querido y generoso con las películas argentinas. Mostrar este film e ir a conversar con el público es algo que nos resulta hermoso -le asegura Fontán, acaso el único realizador argentino capaz de esta proeza poético cinematográfica, a Pampa-. Yo doy clases desde hace muchos años en la Universidad de La Plata y tengo alumnas y alumnos, ex alumnas y ex alumnos, que suelen ir a esas funciones. Entonces se da un diálogo muy particular; un reencuentro para seguir pensando lo que pensamos y analizamos en las clases”.

Fontán, nacido en Banfield, territorio de muchas de sus películas (como las hermosas El árbol y La casa), es licenciado en Letras, escritor, dramaturgo y un cineasta con enorme sensibilidad y un estilo personal de reposado lirismo. Fontán logra filmar estados de ánimo. No es raro que muchas de sus películas se hayan alimentado de literatura, sobre todo poética. Desde Jacobo Fijman (que vivió tres décadas internado en el Hospital Psiquiátrico Borda) hasta el jujeño Jorge Calvetti o el entrerriano Arnaldo Calveyra. Desde Macedonio Fernández hasta Haroldo Conti y Leopoldo Marechal. Hizo, también,  películas como El limonero real, la novela más experimental de Juan José Saer; La orilla que se abisma, basada en la obra de Juan L. Ortiz; y Elegía de abril, libro póstumo de Salvador Merlino, su tío abuelo. La belleza es patrón común de estas películas.

Hace tiempo, su destino artístico y sentimental se cruzó con el de Gloria Peirano, tanbién docente universitaria, guionista, licenciada en Letras y una de las grandes narradoras argentinas, autora de novelas como La ruta de los hospitales y Miramar, ambas editadas por Alfaguara. A Peirano le sorprendió que Fontán no hubiera leído de Viel Temperley. Le regaló la obra completa y le dijo que su deseo era que llevara al cine Hospital Británico. Con los años, tras otras películas realizadas juntos, como El piso del viento, llegaron al sueño de ella, ahora compartido: Hospital Británico, que por supuesto no es la ilustración del poemario sino una obra de arte nacida, libremente, a partir de él. El estreno en el FID Marseille fue doble. También mostraron por primera vez Ramón Vázquez, con Marcelo Subiotto y Luis Ziembrowski, que luego se dio en el Festival Internacional de Cine de la Provincia de Buenos Aires (Ficpba). La dirigió Fontán (recomendamos dos joyas de él, Pastizales de la espera y Cuadernos del merodeo (Cielo Invertido), sobre el rodaje; Fontán y Peirano fueron los guionistas.

Foto 3

La travesía sensorial que propone Hospital Británico empieza con un viaje en tren por la llanura pampeana. Diáfana, luminosa, rodada en distintos parajes agrestes y en locaciones como el Monasterio de Los Toldos (como si fuera el Hospital Británico), dialoga en cada plano con la obra de Viel Temperley. Se aleja, como las creaciones del poeta, del naturalismo. La cámara estenopeica, sin lente, difumina los contornos y vuelve más abstractos a la llanura, los caballos blancos, los girasoles, las nubes, los mares, los árboles, los atardeceres que esparcen los últimos colores del día, acompañados por el sonido de la naturaleza. Las voces en off de los realizadores se combinan con las de seis “peregrinos”: poetas que, alejados de los clichés estáticos de las cabezas parlantes, se mueven por los paisajes evocando los modos en que fueron atravesados/iluminados por la obra de Viel Temperley. Son: Julián López, Teresa Arijón, Alicia Genovese, María Mascheroni, Mercedes Araujo y Andi Nachon.

“Pensamos en voces múltiples, una especie de coro de los alcanzados, de los tocados por ese poema, que los transforma, siempre dentro de la lógica de la película, en peregrinos -explican los directores-. Por otro lado, el poema abre una infinidad de campos visuales y sonoros, cuya densidad simbólica nos propuso un gran desafío y nos llevó a una indagación a través de procedimientos audiovisuales que nos permitieran dar cuenta del espíritu tan especial del poema y, al mismo tiempo, construir una obra otra, una película que no ilustre ni reduzca en ningún momento la intensidad del lenguaje literario propio de Viel Temperley. Esas imágenes son para nosotros pasadizos de la memoria y el ensueño, modos de transitar una agonía, el modo de dar cuenta del impacto del poema sobre nuestra sensibilidad”.

“Viel escribió una de las obras más hermosas y perturbadoras que se han escrito en lengua castellana. Primero lo comprobamos en carne propia: no se sale indemne después de leer a Viel. O, como dice la poeta y crítica Tamara Kamenszain, ‘Para escribir después de Viel habrá que aprender a nadar’. A lo largo de los años, escuchamos numerosos testimonios que coincidían con nuestra impresión: su lectura deja una marca irreductible. La potencia lírica de Hospital Británico se articula alrededor de la convivencia entre un profundo misticismo y un apego a la sensualidad. Esto impacta de modo radical en la forma del poema, en la cadencia de las palabras, que se sienten como brazadas infinitas. Nos propusimos en esta película dialogar con el poema de Viel Temperley, como una manera de manifestar la huella del libro en nosotros y de recoger los testimonios de ese impacto en otros lectores”.

Peirano concluye: “Estoy muy contenta de que Hospital Británico se dé en el Select La Plata. Estamos muy agradecidos con esta proyección y con la difusión que está teniendo la película. Viel Temperley es un poeta extraordinario. Ojalá que, a partir de la película, se lo conozca un poco más”.