DEL TEATRO UNIVERSITARIO AL PRIME TIME
Por Conrado Geiger | Imágenes: Diego Princi y Archivo
Conocí a Los Prepu en 1993. Los había visto en teatro y me fascinaron. Al poco tiempo, aparecieron en “Good Show”, el programa de TV de Tato Bores. En esa época nos cruzamos en la puerta de la vieja Rock & Pop, donde yo hacía mi programa. Allí surgió una amistad con los cuatro: Pepo Sanzano, Pacha Rosso, Esteban Arana, que ya no está, y Daniel Campomenosi. A través de ellos supe de una movida teatral universitaria que se daba en el centro de la Provincia de Buenos Aires y que fue el origen de Los Prepu, allá por los años ochenta. Ese largo recorrido –de los escenarios juveniles de Tandil a las salas porteñas y la televisión del prime time– es el que revivimos con Daniel Campomenosi en esta entrevista.
–Contame primero cómo era el panorama teatral universitario en la Provincia después de la dictadura.
–Nosotros empezamos con el grupo en el 85, en el despertar democrático para las artes. Mucho de lo que se hacía en ese momento tenía que ver con una sátira durísima hacia el “Proceso”. En la universidad se vivía una gran alegría. Tandil es el epicentro de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, hoy Unicen, que agrupa también a la Universidad de Azul y de Olavarría. Se hacían las Olimpiadas Universitarias, que juntaban a esas tres ciudades con una gran cantidad de estudiantes durante cuatro o cinco días. Y Carlos Catalano, que era un docente teatral formado en Buenos Aires, con una larguísima trayectoria, propone que teatro sea una de las disciplinas. Y que puntúe exactamente igual que el fútbol, el vóley o el básquet. Ahí irrumpen dos grupos: el Grupo Prepucio, que eran estudiantes de Veterinaria. Estaban estudiando las enfermedades del prepucio en los toros y les causó mucha gracia usar ese nombre. Y en Ciencias Humanas, donde yo estudiaba Geografía, presentamos una versión de la historia argentina, con el grupo teatral que habíamos armado. Prepucio salió primero (nosotros segundos), con una sátira maravillosa a la televisión argentina. El gimnasio del Club Independiente de Tandil estaba abarrotado. Una fiesta total, un momento democrático hermoso.
–¿Qué paso después?
–Uno de los chicos, hoy decano de la Facultad de Ciencia Veterinaria, el señor Rodolfo Catalano, deja Prepucio. Como los demás quieren seguir haciendo presentaciones en boliches de Tandil y me conocían porque trabajaba en el bar de la facultad y siempre hacía chistes, me proponen unirme al grupo. A partir de ahí empezamos a actuar, también empezamos a estudiar teatro en la universidad de Tandil porque queríamos saber qué era eso que estábamos haciendo. ¿Tenía un nombre?, ¿era clown?, ¿qué era? Así llegamos a San Luis, al Encuentro Nacional de Teatro Universitario. Ahí lo conocemos a Esteban Arana, que venía de la Universidad de Tucumán. Charlamos muchísimo, él intenta hacer un grupo de humor en Tucumán, inspirado en nosotros. No lo logra, pero al poco tiempo lo convocamos para para venirse a Tandil. Deja absolutamente todo y se viene a trabajar con nosotros.
–La siguiente escala es Buenos Aires.
–En el 90 vinimos a Buenos Aires. Víctor Laplace, nuestro padrino artístico, nos convoca a un programa de TV, “El Gran Club”. Después nos llaman de “La Noticia Rebelde” y también nos lleva Mirtha Legrand para actuar en el living al final del programa. Eso nos da un impulso muy grande. Entonces la productora Cipe Fridman nos dice: “Muchachos, el humor que ustedes hacen tiene nivel. Alguien que ve el nombre Prepucio puede considerar quizás que es un humor chabacano, o que va hacia otro lado, no les conviene.” Y ahí, con profundo dolor, nos circuncidaron (risas) y pasamos a ser Los Prepu.
–Me acuerdo de la ciudad empapelada con unos afiches de fondo negro que decían Los Prepu. Creo que las letras eran color fucsia.
–“El humor cambia todos los años”, decía. Porque en ese momento MiDaChi había irrumpido en la escena y Carlos Rottemberg, asociado a Cipe Fridman, nos presenta como “lo nuevo del humor”. En ese momento estaba muy instalado el tipo de humor de MiDaChi. Y tuvimos una gran recepción del público. Quizás no en cuanto a la cantidad de gente. Nosotros siempre decimos que nos vio mucha más gente en Tandil, Azul y Olavarría que en Buenos Aires. Acá entramos más por la TV, cuando nos ve Sebastián Borensztein. Pero bueno, ese es otro momento.
–El padrinazgo de Víctor Laplace es un apoyo fuerte para llegar a Buenos Aires. ¿Cómo fue eso?
–Víctor Laplace nos había apadrinado en una temporada en Necochea. Ahí estaban Alberto Martínez, Pepe Marrone, Cecilia Rossetto, había un espectáculo de Pepe Cibrián. Nosotros estábamos fijos de martes a domingo. El nexo con Víctor fue Dipi Di Paola, un escritor que vivió muchos años en Tandil, que lo llamó y le dijo: “Vení a ver a estos pibes, hay que llevarlos para allá.” Entonces Víctor nos arma una función para productores en el Lola Membrives. No entendíamos absolutamente nada: actuamos para 10 personas. Nosotros, que estábamos acostumbrados a llenar teatros en la Provincia. Terminamos peleándonos entre nosotros porque la gente no se reía. ¡Si eran diez! Pero Cipe Fridman, que había estado en esa función, nos llama y nos viene a ver a Tandil con Peter Macfarlane, que venía de hacer comedias musicales muy renombradas, con alumnos, pero con mucha producción. Nos vienen a ver a nuestro reducto, el Auditorium de Tandil. Y esa misma noche nos propone venirnos a Buenos Aires. Ya era la formación de Pepo Sanzano, su hermano Patricio escribiendo con nosotros y también oficiando medio como manager, Sebastián “Pacha” Rosso, Esteban Arana y yo.
Estrenamos en el Bauen, saltamos al Lorange, hoy teatro Apolo. Mediáticamente se arma algo muy fuerte, las críticas de todos los diarios son realmente buenísimas. Pero no convocan a la masa.
–Se perfilaban como un grupo de culto, lejos del gran público.
–Hasta que Rottemberg nos incorpora a una revista, “Fiesta Fantástica”, dirigida por Hugo Sofovich. Nuestra única condición fue hacer nuestros números. Y ese espectáculo fue la revelación de la revista. Ahí nos ve Sebastián Borensztein.
–Luego vino la televisión.
–La cosa fue así: estamos entrando al teatro Pepo Sanzano y yo, y nos para alguien que nos dice: “Muchachos, los vi anoche, me encantaría que laburen con mi Viejo”. “¿Quién es tu Viejo?”. “Tato Bores.” Y ahí empezó nuestro derrotero por la televisión y el debut en “Tato de América”. Sebastián quería que fuéramos una especie de Blues Brothers. Quedó tan copado con lo que vio que muchos sketches que nosotros hacíamos eran adaptados para la televisión por un equipo creativo. Y ahí decidimos hacer una temporada en el teatro El Vitral. Tato fue a vernos y empieza a apadrinarnos, a preocuparse también por nuestro futuro. Y ya nos quedamos en Buenos Aires, haciendo más televisión que teatro. Ahí fallece Esteban Arana, nuestro compañero, en la temporada en Mar del Plata. Y ese mismo año, en el 96, arrancamos con “Sorpresa y Media”, con Julián Weich. Ahí se nos conoció masivamente por el “Comando Sorpresa”. Fueron cinco años de muchísimo trabajo. Nosotros guionábamos todo lo nuestro: sketches, salidas. Éramos un grupo creativo muy fuerte.
–Volvamos al principio, a Tandil y su movida teatral.
–Al tener universidad, Tandil es un polo teatral muy fuerte. Y no necesariamente por espectáculos foráneos, sino por espectáculos propios. Constantemente se están haciendo obras y hay mucho taller. El mismísimo Mauricio Kartun da clases en Tandil.
–¿Siguen en contacto Los Prepu?
–Sí, somos hermanos. Estuvimos 18 años juntos. Después de tanto trabajo, decidimos cortar, porque teníamos diferentes intenciones, pero el amor continúa intacto. El hijo de Pepo es mi ahijado, nos vemos cada vez que voy a Tandil. Con Pacha también, que está viviendo en Necochea y parte en Buenos Aires. Seguimos ligados a la actividad teatral. Y siempre está dando vuelta la idea del retorno. Pero lo que hacemos nosotros, ese humor físico, requiere juntarnos. Es como un laboratorio que exige muchas horas de trabajo. Y Pepo vive en Tandil. Es docente de la universidad, hace espectáculos de stand-up, da clases, hace obras, sigue viviendo del teatro. Pacha vive en Necochea, actualmente está haciendo el Cyrano, de gira por toda la Argentina. Y ejerce como veterinario. Y yo, que estoy acá en Buenos Aires, con un par de programas en el Canal de la Ciudad, haciendo “Comedia de Dorapa”. El año que viene voy a estar haciendo teatro comercial, algunas series… Así que es difícil. Pero seguimos en contacto, somos amigos, somos hermanos.

