Lautaro Delgado Tymruk

El actor, dramaturgo y director Delgado Tymruk presenta “Seré”, la tercera temporada de una obra teatral que perturba y conmueve, basada en los hechos ocurridos durante la dictadura en el campo clandestino de detención, la Mansión Seré. En escena, se muestra como un médium traspasado por el testimonio que Guillermo Fernández, uno de los cuatro detenidos que logró fugarse de ese centro de torturas, brindó en el Juicio a las Juntas en el 85.

El 24 de marzo de 1976, tras el golpe de Estado, la dictadura cívico-militar encabezada por Jorge Rafael Videla instauró campos de detención, tortura y exterminio en toda la Argentina (funcionaron 814 en todo el país; 258, en la provincia de Buenos Aires). En el segundo aniversario de aquel infausto gobierno, como lo había llamado Rodolfo Walsh un año antes, cuatro detenidos-desaparecidos -sometidos a todo tipo de tormentos- lograban escaparse con frazadas atadas de uno de aquellos centros clandestinos, la Mansión Seré, también conocida como Atila, partido de Morón. Era la madrugada del 24 de marzo de 1978: estaban desnudos, en medio de un temporal, en el esplendor del genocidio estatal. Claudio Tamburrini, Daniel Rosomano, Guillermo Fernández y Carlos García se perdieron en la oscuridad: habían sobrevivido para contarlo.

Menos de dos meses después, el 21 de mayo de 1978. nacía Lautaro Delgado Tymruk, futuro actor, director y dramaturgo que iba a ponerle el cuerpo a esta historia. “Mis padres siempre estuvieron muy comprometidos con los derechos humanos. Tuve conciencia de los horrores de aquellos años desde que nací”, cuenta ahora. El deseo, el talento y, por qué no, una cuota de azar unieron su destino a la Mansión Seré. Primero, como actor de Crónica de una fuga, película de Adrián Caetano estrenada el 27 de abril de 2006, en la que interpretó a Carlos García; luego, como autor, director y actor de Seré, obra de teatro que montaron con Sofía Brito, su pareja. El estreno fue en marzo -otra vez marzo- de 2024. Durante ese año y 2025, el recorrido sería notable: elogios de público y crítica, premios como el Trinidad Guevara en el rubro actor (Delgado Tymruk), giras nacionales e internacionales. Ahora, a medio siglo del Golpe, está nuevamente en cartel, en el Teatro del Pueblo, Lavalle 3636. 

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Seré no narra linealmente los hechos que ocurrieron en la Mansión, aunque sí. Lo hace, en todo caso, por fuera de las convenciones, con delicada originalidad, sin condescender al sentimentalismo: a través de un relato que viaja en el tiempo y un dispositivo escénico que estremece. Difícil explicarlo: en escena, Delgado Tymruk se transforma en una suerte de médium traspasado por el testimonio de Guillermo Fernández durante el Juicio a las Juntas, en 1985. El actor no habla; es hablado por una voz lejana, que a la vez responde preguntas sobre hechos más lejanos, que se vuelven insoportablemente vívidos. El tono en que Fernández da/dio su testimonio es claro, preciso, por momentos distante, casi como si se refiriera a otro. Delgado Tymruk, a pura ductilidad corporal y gestual, resignifica aquellas palabras, sin ampulosidad, como un mago discreto. Surrealismo y documento histórico. “La gran pregunta, cuando empecé con la obra, fue quién era el que estaba actuando, quién era el que estaba ahí. ¿Guillermo, yo, mi personaje? Con Guillermo decimos que es un tercer sujeto, y que ese sujeto somos los dos al mismo tiempo. Me gusta verlo así. De alguna forma, somos todos nosotros”.   

A fines del año pasado, cuando cerraba la segunda temporada de la obra, Lautaro nos dijo: “Seré es un experimento escénico en torno del sonido, de la palabra, del poder creador de la palabra, de los discursos que nos atraviesan y, en particular, del testimonio que dio Guillermo Fernández. Seré no se propone sólo contar cómo fue aquella fuga: es un experimento con el discurso, la demostración de cómo, a partir de la palabra, uno puede fugarse, liberarse, o quedar atrapado. A través de una voz significante y un cuerpo significado, pone en escena varias cuestiones. Una es que nuestro sentido común está moldeado. Está moldeado por los medios de comunicación masivos y nuestro entorno. Somos hablados por otros. Por más que tengamos un pensamiento crítico, uno es hablado por sus lecturas, por su ideología, por sus costumbres, por su época. En este tiempo, muchos son hablados por las fake news, tanto nacionales como internacionales, que se les vuelven realidad. Hay que salir de eso”. 

¿Qué representa estar haciendo Seré a 50 años del golpe y a 20 del estreno de Crónica de una fuga?
Mi sensación con el tiempo es extraña, paradojal. Por un lado siento que pasaron más años aun. Evidentemente la cabeza borradora de la hiperinformación crea velos que hacen que las nuevas generaciones sientan los hechos como si no hubieran pasado o no pudieran repetirse. Por otro lado, siento que ahora está ocurriendo algo demasiado parecido. No olvidemos que más allá de las atrocidades cometidas por el terrorismo de Estado, premeditadas, estudiadas, for export, como las torturas y desapariciones, lo que se quiso instalar, y se logró, fue un modelo económico hambreador a las grandes mayorías, con un pequeño sector de multimillonarios como único beneficiado. Que la familia Macri haya pasado de tener ciertas empresas a multiplicarlas por trabajar para la dictadura no es un dato menor. Aquí y ahora son los mismos mismos nombres, en general. Familias de expropiadores que continúan repitiendo este modelo de estafa al pueblo argentino.
Seré es una pequeña trinchera en defensa de la Memoria, Verdad y Justicia. Es un aporte poético y estético para no olvidar. Por supuesto, a la cabeza están la enorme y valiente lucha de las Abuelas, Madres de Plaza de Mayo, HIJOS y también las políticas llevadas a cabo por algunos gobiernos populares.

¿Cómo nació la idea del dispositivo escénico tan original? 

Fue a partir de una experiencia medio surrealista. Hice Crónica de una fuga a mis 27 años. Conocí a Guillermo Fernández y a Claudio Tamburrini, pero no pude conocer a Carlos García que era la persona a la que había interpretado en la película. Lo conozco en el año 2014 mucho después del estreno del film. Me invita a presenciar su testimonio y voy. En el momento de escucharlo en el Juzgado de San Martín, tuve una sensación extrañísima, una suerte de división del yo. Sentía que el que estaba hablando era yo pero que mi cuerpo estaba a cuatro metros. Como cuando uno se sueña fuera del cuerpo. Nunca me olvidé de esa experiencia. Años más tarde, en 2020, retomo esta sensación y la utilizo como punto de partida del trabajo. ¿Qué pasa si tomo su voz y pongo mi cuerpo? ¿Quién es el que estaría actuando, él o yo? Pasaron años y distintas burocracias legales. No pude conseguir los derechos del testimonio de Carlos pero sí el de Guillermo, el de 1985 en el Juicio a las Juntas. Empecé a dirigirlo y convoqué a cinco actores y actrices; entre ellas, Sofía. Cambió el gobierno y por cuidado a mis compañeros decidí actuar yo. Le pedí a Sofía dirigiera en colaboración conmigo. La idea es que quien vea Seré vea un acto de posesión. La idea de médium y de ventriloquía es central.

Dijiste que conocista a Guillermo Fernández durante el rodaje de Crónica de una fuga, ¿qué opinó cuando le contaste el proyecto de Seré?
Guillermo tuvo una confianza absoluta en el proyecto. Lo único que me pidió es que no fuera lacrimógena ni panfletaria. Algo que quiero aclarar: lo que escuchan en la obra no es el testimonio completo de él durante el juicio. Se hizo justamente una dramaturgia fuerte sobre las tres horas del material.

¿Qué ocurre, acá o afuera, con los espectadores más jóvenes, los que no vivieron en carne propia aquellos años? ¿La obra les dispara interés en el tema?
Sí, esa es nuestra verdadera alegría. Cuando las juventudes acá y en otros países ven la obra quedan por un lado muy movilizados y por otro maravillados por la experiencia que propone Seré. La obra es un verdadero truco de magia que deja
de ser truco y se transforma en magia. El abracadabra, la palabra que inicia todo conjuro mágico significa: iré creando conforme hable. Eso es Seré. Es un conjuro. Un conjuro que echa luz a tanta oscuridad.

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¿Qué diferencias ves entre el momento histórico en que se estrenó Crónica de una fuga y la del estreno de Seré, el año pasado, en medio de avanzadas negacionistas? 

Muchas. Pensemos en que ahora tenemos un ministro de Defensa que es un teniente coronel que es hijo de un represor. La película fue estrenada en un contexto totalmente diferente, en pleno gobierno de Néstor Kirchner. Para mí, una primavera democrática. Era otro país, otra América latina. Pero claro: si comparamos ambos tiempos históricos, dependemos del punto de vista; lo que para nosotros es una involución para otros es una evolución. Para mí es un sistema de fuerzas, dos fuerzas que se oponen. Para nosotros era un despertar de la conciencia, un país más justo, con muchas posibilidades para todos y todas, para ellos era una amenaza. Son épocas, el eterno retorno nietzscheano. Hay tiempos más luminosas y otros más oscuros, y esto es parte de la historia de la humanidad. Creo que esto va a ser hasta el fin del mundo.  No hay que bajar los brazos. 

La fuga de la Mansión Seré fue un 24 de marzo, durante la madrugada del segundo aniversario del golpe. ¿Guarda algún significado especial para vos?

Bueno la idea de milagro abraza toda la obra. En España, a los trucos de magia les llaman milagritos. Que se hayan escapado justo un 24 de marzo y que Harry Houdini, el gran mago escapista haya nacido también un 24 de marzo (de 1874), hace que más de uno se mueva en la butaca. Es casi un chiste cósmico.

¿Cómo fue haber hecho funciones en el lugar donde ocurrieron los hechos?

Hicimos dos veces Seré sobre las ruinas de la Mansión Seré (que fue demolida). Fue un acto psicomágico. Verdadero chamanismo. En un principio tenía mis dudas sobre hacerlo sobre las ruinas mismas. Lo llamé a Guillermo Fernandez y le pregunté que pensaba. Fue categórico: “Mis compañeros y compañeras estarían muy
agradecidos de que se los recordara con tu obra”. Y así lo hicimos.

Estás dirigiendo El corazón del mundo, obra basada en un texto de Santiago Loza, con la actuación de Guillermo Angeleri. Aunque no alude a la dictadura, las presentás como un díptico con Seré

Las conexiones son muchas. Las dos son actos de magia. Teatro fantasmatico. Teatro urgente y de la posesión. En Seré, un sujeto es tomado por una voz. En el
corazón del mundo un sujeto posee otros cuerpos. Son dos obras atravesadas por lo poético y lo estético. Las dos son un viaje sensorial bastante fuerte. Seré es
teatro documental también y El corazón del mundo cuenta desde el hombre alienado, el sujeto al que no le importa nada más allá de su
cuerpo. Alguien lo derriba de un garrotazo. Ese golpe casi mortal lo despierta. Las dos obras son despertadores existenciales.

 

(Las funciones de Seré son los sábados a las 19 en el Teatro del Pueblo, Lavalle 3636. Las de El corazón del mundo, los lunes a las 20, en el mismo teatro. Entradas en venta por Alternativa Teatral) 

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